Es muy frecuente que nos resulte fácil opinar sobre las vidas de otros, más que eso, enjuiciarlos por poco inteligentes o por inmorales o lo que se nos ocurra para ponernos a nosotros como ejemplo y decir – yo habría hecho esto o lo otro – o – mírame a mí, todo lo que he hecho y tú ahí, sin decidir. No es tan fácil ese mismo ejercicio cuando se trata de nosotros mismos y tratamos de encontrar las explicaciones que nos parecen plausibles para no hacer A, B o C o para justificar acciones, opciones, pasadas. No se trata de ser más inteligente o menos. Los inteligentes son más rebuscados en sus explicaciones y estrategias de escamoteo. Pueden ser ases de la evitación de sus propios miedos, culpas, vergüenzas y no rozarlos siquiera. Se entiende, por supuesto, que lo hagan frente a otros y los demás, entre confundidos y perplejos, dejen de preguntar, solo que esas estrategias también funcionan para sí mismos y aunque tengan cierto acercamiento tipo flash de que algo no está calzando e...
Aquí escribo temas que se pasean por mi mente.