He
escuchado a mis congéneres exponer y a veces repetir un argumento que nunca ha
logrado convencerme mucho por lo que este post no será del agrado de varias,
pero así es una, qué se le va a hacer.
Me
imagino que a estas alturas la gran mayoría de las personas habrá escuchado. “el
éxito de tu marido, cualquier logro que esto signifique: el minimarket, el
trabajo seguro, el desarrollo profesional/académico y el ascenso social que ese
éxito ha significado, te lo debe porque él no tuvo que encargarse del cuidado
de los niños y los quehaceres de la casa.”
Es
evidente que nuestra cultura latinoamericana pone aun sobre las mujeres el mayor
peso de construcción relacional de una familia: a ellas corresponde funciones
ligadas al afecto, la comunicación y el funcionamiento más o menos organizado
de la casa. En parejas estilo años 50, el papel de proveedor era obligación
casi absoluta del marido y aun hoy, para algunos, el trabajo remunerado fuera
de la casa es optativo para la esposa. El orden de las cosas por supuesto que
está influenciado por la cultura, el acceso y valor otorgado a la educación de
los cónyuges y no voy a profundizar aquí sobre el machismo y sus innegables y
nefastas consecuencias para hombres y mujeres.
Llegando
por fin al punto, creo que, si una mujer se ha quedado en la casa cuidando de
los niños y los quehaceres que esto implica, con o sin apoyo de personal
externo para esa función, ha sido producto de una decisión personal, por
vocación o por la razón que sea. No conozco a ninguna que haya sido obligada,
presionada o coaccionada a hacerlo, excepto en el contexto de una relación de
violencia – mi marido se pone celoso si trabajo, no me deja o me vigila –
y si ese es el caso, la dependencia económica es parte del sistema de
dominación y la violencia no es tema de este post.
Ser
dueña de casa ha sido una decisión personal o producto de un acuerdo y
como tales, las decisiones personales y los acuerdos, pueden cambiar y ser
actualizados según miles de factores. Si alguien, en este caso la mujer, se
siente perjudicada por perder oportunidades laborales o de desarrollo personal
quedándose en el sitio que escogió junto a su pareja por un tiempo y, en algunos
casos ese período se volvió definitivo, me parece que ese acuerdo o decisión, requiere
de una exhaustiva nueva mirada. También el proveedor podría sentirse
perjudicado, pero no iré por ese pedregoso camino en este post.
Cuando
una pareja funciona bien con este acuerdo no hay para qué cuestionarse, si
ambos están felices así, ni se acerque al tema siquiera. Es contraproducente andar
generando problemas donde no los hay o, si los hay y alguno de los dos o los
dos, eligen hacer como que está todo bien para no bajar de nivel de vida, de
nuevo, es otra opción personal.
Por
lo que me ha tocado ver, el tema de la plata, los sacrificios, las sacadas de
cuenta y, al igual que la vieja canción de Víctor Manuel Quién puso más, aparece
en momentos de crisis y más aún, es evidente, durante el proceso de separación.
Más
allá de lo que la ley dice acerca de la compensación económica del cónyuge
perjudicado, la división de bienes según el régimen del matrimonio: bienes separados,
bienes mancomunados y participación en los gananciales. (me acordé ahora de la
canción Entre Paréntesis, te amooooooo), lo que me parece injusto es la manipulación
que subyace al concepto de sacrificio por haber decidido quedarse en la casa en
tanto el marido se dedicaba a tener éxito. Claro, si su marido no ha compartido
su bienestar económico, poco o mucho, con usted y sus hijos, no sé, qué quiere
que le diga, entiendo su rabia y dolor, pero, o sea, ¡pucha que ha sido lesa!
Búsquese un/a abogado/a y hágalo pagar hasta las tres vidas siguientes, pero si
no es el caso, afírmese en lo que dice la ley y no se ponga a usar el papel de
víctima que se quedó sin trabajar, montar un negocio o ejercer su profesión
como si la hubiesen obligado.
Si
usted no pensó que en algún momento sus hijos iban a crecer y su papel en el cuidado, por el bien de ellos, debía cambiar y quedaría más espacio para usted
y sus intereses o, teniendo conciencia de aquello, decidió no explorar por ese
lado, por la razón que sea, sigue siendo su responsabilidad.
En
mi opinión, optar por la dependencia económica de otra persona implica varias
cosas: una fe ciega en los talentos de su cónyuge pues usted las verá color de hormiga
si, por circunstancias de la vida, el exitoso hizo un mal negocio o pasó
algo que requiere que sea usted la proveedora la única o complementaria de la
familia; una fe ciega en que el amor romántico dura para siempre y su marido
exitoso y usted, su sacrificada esposa, estarán juntos hasta la muerte disfrutando
de un buen pasar, si le resulta va mi reverencia humilde reconociendo una situación
excepcional, me saco el sombrero y reconozco la envidia y curiosidad que me
provoca ¿cómo lo hizo? ¿cuál es el secreto? Cada vez que escucho esa pregunta a
un par de viejos aparecen respuestas como: paciencia, capacidad de perdón,
sacrificio, hacer la vista gorda y por supuesto, el amor, este último como una
entelequia independiente del comportamiento de los cónyuges.
Todavía
hoy, algunas parejas acuerdan que la mujer se quede en la casa y ella acepta,
con el argumento de que los hijos que crecen con la madre en casa están más protegidos
para la vida. Malas noticias para la protagonista de La Hechizada o muy buenas para las madres trabajadoras, la
evidencia científica dice que no hay diferencia entre los hijos de madres que
trabajan fuera de la casa y las que solo lo hacen en ella. Lo que marca la diferencia
son las habilidades parentales: cercanía afectiva, puesta de límites y un
listado enorme de variables, que ¡menos mal! No están todas bajo nuestro
control. De pasada, tampoco los hijos de padres separados están per se en mayor
riesgo que los de padres juntos, siempre y cuando se mantenga la cercanía
afectiva y la coordinación del cuidado. De ahí que sea tan de mala leche utilizar
a los hijos como moneda de cambio con las visitas y contacto con el padre o la
madre según el caso. Muerte lenta y dolorosa, como dicen en Twitter, a quienes
tienen hijos y los utilizan como arma de despecho o mercancía. ¡Shame, shame, shame! Dirían en Game of Thrones y por supuesto,
las mismas maldiciones a quienes abandonan a su progenie una vez que la pareja se
deshizo.
El
dinero, los bienes, adquieren un poder desenmascarador de las personas en
momentos críticos de la vida: las separaciones, los lutos y las luchas por
herencias miserables o cuantiosas; inclusive en las decisiones de renuncia a un
trabajo: Muchas personas eligen seguir en un trabajo que no solo no les gusta,
sino que sufren como condenados por la posibilidad de una indemnización que
consideran como suya − ¿cómo me voy a ir sin niuno después de tantos años?
– estaremos de acuerdo con que hay empresas miserables que se dedican a cansar y
a hostigar a un trabajador hasta que este no puede más para no pagar una justa retribución,
pero, de nuevo, ¿no es un desperdicio de vida y de salud que siga ahí y no
explore otras posibilidades? Claro, usted estará pensando, depende de las
circunstancias y tendrá toda la razón, todo depende (hay una canción que repite
Depende, todo depende, pero no me gusta así es que no la incluiré aquí),
obvio que todo depende, la vida es compleja, no hay recetas, pero esa sensación
de sacrificio sostenido, se paga cara, carísima. También estaremos de acuerdo
con eso ¿cierto?
Y
ya que me puse camote ¿por qué no serlo más?
Frase
típica: la mujer que se queda en la casa también trabaja ¿alguien lo duda?, por
supuesto que no, es un trabajo tedioso, rutinario, injustamente no remunerado y,
por lo mismo en cuanto está la posibilidad económica, aparece otra mujer en la
casa a apoyar esa labor. Solo que la mujer que trabaja y no gana lo suficiente
para pagar esa ayuda, tenía, hasta hace poco, una doble jornada laboral, es
decir, me parece mucho más meritorio alguien que ha tenido dos trabajos y no
solo uno. Digo tenía porque las nuevas generaciones de hijos, millennials
y zetas, con padres y madres menos trogloditas y más feministas, han sido
criados bajo el concepto del trabajo en equipo en la casa ¡albricias! No son
todos, pero al menos un grupo significativo se está notando en las parejas jóvenes.
Amiga,
si usted anda con el discurso de “yo ayudé a que mi exmarido tuviera éxito”,
hágase cargo y no manipule con la culpa, ya fue, busque buen abogado y
relájese. Sus adorados hijos lo pasarán mejor y la admirarán por su temple de
acero. Su ex va a sufrir igual, para nadie decente una separación, termine o no
en divorcio, es un proceso fácil o inocuo. Si sigue casada, el exitoso es su amor de la vida y usted para él, renegocie las posiciones, usted tiene la libertad de dedicarse a usted y a su desarrollo. Si hay amor y cuidado en esa pareja, ese cambio será muy bienvenido.
PS: No
sé si comprometerme a hacer un post dirigido a los hombres, me refiero
a cómo son manipulados por la vulnerabilidad, porque habiendo tanto papito
corazón circulando, no sé si me den ganas.
Víctor
Manuel, Quién puso más.
Gloria
Simonetti, Entreparéntesis
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