Hace poco leí por ahí que un líder, ya nadie dice jefe, solo lo es si es capaz de transformar vidas. Pensé en que ya se esperan características casi sobrehumanas para esas personas que ocupan cargos directivos y asumen responsabilidades de toda clase en las organizaciones en las que trabajan: técnicas, administrativas, financieras y las consabidas variables de clima laboral. Dan vueltas por ahí un sinnúmero de características que debiera tener un/a líder, las básicas buen/a comunicador/a, empático/a, resiliente, creativo/a, emocionalmente inteligente, asertivo/a, informado/a y así podríamos seguir por largo rato. En algún momento comenzó a imperar un nuevo discurso, el/la líder, debe ser, además, casi un ser de luz: autorrealizado/a, ojalá feliz, simpático, energético/a, inspirador/a, capaz de mirar en toda circunstancia “fuera de la caja”, desarrollar a su equipo, estar siempre disponible, capaz de poner límites, no mostrar cansancio, ojalá tomar vacaciones cuando esté cas...
Aquí escribo temas que se pasean por mi mente.