Hace
poco leí por ahí que un líder, ya nadie dice jefe, solo lo es si es capaz de transformar
vidas. Pensé en que ya se esperan características casi sobrehumanas para esas
personas que ocupan cargos directivos y asumen responsabilidades de toda clase
en las organizaciones en las que trabajan: técnicas, administrativas,
financieras y las consabidas variables de clima laboral.
Dan
vueltas por ahí un sinnúmero de características que debiera tener un/a líder, las
básicas buen/a comunicador/a, empático/a, resiliente, creativo/a, emocionalmente
inteligente, asertivo/a, informado/a y así podríamos seguir por largo rato. En
algún momento comenzó a imperar un nuevo discurso, el/la líder, debe ser,
además, casi un ser de luz: autorrealizado/a, ojalá feliz, simpático, energético/a,
inspirador/a, capaz de mirar en toda circunstancia “fuera de la caja”,
desarrollar a su equipo, estar siempre disponible, capaz de poner límites, no
mostrar cansancio, ojalá tomar vacaciones cuando esté casi todo resuelto, (¿cuándo
es eso?), no quejarse, sonreír, entender todo, ser justo, hacer deporte regularmente,
leer, alimentarse sano, estar al día de las noticias, nacionales e
internacionales, más allá del movimiento del mercado y el valor del dólar. Y
por supuesto, ojalá lindo/a, culto/a y bien vestido/a.
¡Ah!
Y por supuesto, ninguna de esas características tiene mucho valor si el/la líder
no tiene un desarrollo espiritual, no necesariamente religioso. Entonces, debe
preocuparse del desarrollo del ser, del self, dejar de lado el ego, meditar,
abrazar árboles o lo que sea que lo/a mantenga en un sano equilibrio con su
corporalidad y la naturaleza.
Es
evidente que estoy exagerando y caricaturizando el concepto, pero sí me he encontrado con expectativas de personas que esperan ver en su jefe/a, perdón líder, a alguien
superior, sin referencia a la escala jerárquica por supuesto, sino a
alguien admirable por sus conocimientos y/o características personales. La admiración
implica atribuir a otro cualidades extraordinarias y que un/a pobre mortal no
está o no estará en condiciones de alcanzar sino a través del camino de la
sabiduría y la experiencia. Más allá de si los mecanismos de búsqueda de encargados,
jefes, directores, gerentes y otros cargos de responsabilidad en la toma de
decisiones son efectivos o no, cuando existen en la organización, son personas que
también están en constante aprendizaje, que viven conflictos internos,
familiares y de toda clase quienes. Cada uno con su
historia de aciertos y fracasos en distintos ámbitos de la vida y que, a
diferencia de muchos, se atreven a asumir desafíos.
Si
alguien se llega a sentir una especie de iluminado, el lado B es el narcisismo
de esa posición: es quien tiene todas las respuestas correctas, las mejores propuestas,
puede perder la conexión con el equipo que lo admira porque los ve dependientes
o menos preparados. El trabajo en equipo puede parecer perfecto, pero en el
fondo es más bien una buena barra para quien toma las decisiones importantes solo.
El
poder es atribuido, está claro que, para ser creíble, confiable, es necesario
ser decente y reconocer los propios límites, colaborar con otros, hacerlos
partícipes de los logros y también de los errores. Quien está a cargo asume el
riesgo en forma personal y eso ya es un acto de coraje, no disminuye su responsabilidad
si fomenta la colaboración en los procesos, si manifiesta sus preocupaciones y
las comparte con quienes están a su cargo y no se siente dando cátedra en todo
momento.
Cuando se ponen de moda algunos conceptos como que se nos pasa la mano, partimos desde lo importante que es mantener la puerta abierta a la esperanza al positivismo tóxico, esa obligación de ser siempre positivos y sonrientes, aunque estemos atravesando por momentos horribles. La resiliencia, por ejemplo, también partió desde el reconocimiento de la fortaleza y características de algunas personas para sobreponerse a casi cualquier circunstancia sin quebrarse o rendirse mentalmente y por el contrario, resultar enriquecidas en sus recursos personales. En la actualidad se aplica a casi cualquier situación difícil y quienes se autodefinen como resilientes ven con algo de desdén a quienes no han tenido obstáculos muy duros que sobrellevar. El dolor no es la única vía de aprendizaje, el dolor y la frustración también puede envilecer y sacar a relucir los peores aspectos de algunas personas o un grupo de ellas.
Los
gurús están muy bien para las sectas, no para los equipos de trabajo me parece.
Muy interesante y qué bueno explicitar que el líder es humano. Una habilidad especial es que otorgue la oportunidad y los espacios para el desarrollo y expresión de talentos a todos los miembros de los equipos. Comparto plenamente tus apreciaciones, como siempre reconozco y destaco tu habilidad para identificar y poner en palabras lo que muchos sienten o piensan, te felicito una vez más Ximena!!
ResponderEliminarGracias Patricia!
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