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Magia, poder, extrañamiento y la necesaria open mind

 


No se me ocurrió otra forma de meterme en un tema que se relaciona con muchos otros. Temas contradictorios, no siempre polares ni complementarios. Tal vez tangentes en puntos que no alcanzo siquiera a sospechar. Qué bueno que Neils Bohr planteó el principio de la complementariedad. Ondas y partículas. Tal vez lo mismo se aplique a las ideas que, siendo discontinuas, pueden listarse como y esto y lo otro, en lugar de esto o aquello. O tal vez es un modo simplista de no ir más allá, de no pensar más o no encontrar el modo de resolver contradicciones.

De lo que me ha tocado vivir, escuchar y leer hay experiencias que, no teniendo más explicaciones, se denominan paranormales. Si las agencias de inteligencia de países poderosos y con presupuesto para investigar tales fenómenos los han tomado en serio[1], cómo no lo va a hacer una como simple y limitada mortal.

He buscado información y parece que lo he hecho mal porque ninguna línea me convence mucho o en algún punto se trata de tener fe en ideas que se sustentan en sí mismas y que luego, al volverse populares, se contaminan con la moda supersticiosa de cualquier época.

Me provocan mucha curiosidad las experiencias raras como los sueños premonitorios, las ideas creativas, prácticas o artísticas, que surgen en los sueños, las experiencias de comunicación con muertos, las prácticas adivinatorias o esas casualidades raras que las personas relatan como señales de algo. Oscilo entre querer adentrarme en la lógica, si la hay, que la sustenta, el deseo de creer en que hay muchos fenómenos inexplicables desde la forma en que construimos lo que llamamos realidad y el descreimiento casi total en todo lo que no sea demostrable por los métodos de investigación actuales. Una majamama mental. Es más fácil, por supuesto, plantearse como una creyente convencida o como una escéptica total, pero como alguien esencialmente amarillenta, cada cierto tiempo me surgen dudas y en otros algunas certezas que, de seguro, más de alguno se demoraría un minuto en disolver.

En la atención de consultantes, si es necesario, hago mi declaración de principios: no trabajo con constelaciones familiares, trabajo con la perspectiva sistémica aplicada a las familias, grupo de trabajo y otros sistemas. Esa perspectiva incluye explorar creencias, lealtades y mandatos que operan en uno o más de los integrantes de ese grupo interconectados por narrativas compartidas. Creo que el lenguaje es un componente estructural de cada persona y cómo nombra las experiencias, se refiere a sí mismo y a los demás, lo que hace y lo que dice de lo que vive, devela el modo en que construye su mundo por las reglas lógicas que imperan en ese razonamiento. Eso me aleja de creer en el decreto de experiencias y sí, leí El Secreto y no me convenció para nada.

Cada vez más la ciencia, la neurociencia en particular, demuestra con evidencia que el cuerpo, nuestra biología, es determinado y a su vez determina un conjunto de interacciones y su significado e influencia en nuestra forma de ser y plantarnos, no solo plantearnos, en el mundo, puede ser modificado por el lenguaje en nuevas interacciones diferentes, para bienestar o malestar de cada uno. Prestar atención a lo que ocurre en el cuerpo y a las palabras, diálogo interno, formas de conversar y más, es entonces de la máxima relevancia.

Cada persona explica sus experiencias desde determinada construcción de mundo y si algún/a consultante trae a la sesión experiencias que no parecen tener una explicación lógica, mi planteamiento es que estoy disponible para escuchar y pensar juntos en la búsqueda de un significado o un marco de análisis que contribuya al bienestar de quien consulta. Advierto que no soy experta en temas sobrenaturales y si se requiere la visión de alguien experto, esa persona no soy yo. Me ha correspondido conversar con personas angustiadas por sueños anticipatorios, por mensajes de personas muertas, pesadillas recurrentes y hasta el momento no han requerido la intervención de alguien experto hasta donde he sabido al menos.

Una vez un niño de unos 11 años tenía pesadillas con su perrito muerto hacía poco. Estaba muy angustiado por el miedo que le daba verlo sin vida y no quería ir a dormir, conversamos mucho acerca de las características de su perro y la relación con él. Pasaban juntos la mayor parte del tiempo en la casa y el perro lo seguía a todas partes. El niño lo quería mucho y sentía que estaba con él todo el tiempo y se asustaba. No fue necesario recurrir a mucho más para que se diera cuenta de cuánto lo extrañaba y de que hubiera querido poder comunicarse con él para decírselo. Tenía un peluche parecido y a él mismo se le ocurrió que podía decirle cosas y despedirse como hubiera querido.

También me ha correspondido ver otras situaciones más escabrosas y raras, pero a través de la exploración y la aceptación de que es posible sentir cosas no explicables desde la lógica habitual, las personas, respetables profesionales entre ellos, logran sentirse mejor y abandonan la idea de estar locas.

Un tema relacionado, pero desde otro ángulo, es el temor de algunos a personas que dicen tener, con base o sin base, capacidades especiales de videncia, habilidades adivinatorias y similares que, con o sin el propósito de hacer daño, pueden terminar provocando intensa angustia por lecturas de tarot, energías, canalizaciones y otras denominaciones que desconozco, porque tocan algunos aspectos especialmente sensibles en ciertas personas. Sin demasiada interacción se puede instalar una relación de poder, atribuido como en la gran mayoría de los casos, en la que se instala una dinámica de subordinación o dependencia, afectiva por supuesto, con alguien que se supone sabe más de una que una misma. Esas situaciones no se diferencian de otras relaciones que ahora en Instagram se llaman tóxicas, porque están llenas de amenazas, veladas o explícitas, control y manipulación.



[1] Proyecto Stargate, Mk Ultra entre otros.


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