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Mostrando entradas de octubre, 2021

Autoridad ¿yo?

  A la mayoría de nosotros nos molesta esa palabra, nos huele a malos tratos, a gritos, a humillación y a los años más duros y dolorosos de la historia de Chile. Nos confundimos y pensamos que ejercer la autoridad es sinónimo de traumas para los hijos y también para los trabajadores. La autoridad es un concepto ligado a la responsabilidad, distribución de tareas, cuidado mutuo, cumplimiento del objetivo común, respeto y varios similares, no suena a diversión si no más bien a una tarea solemne y difícil. Creo que son asociaciones que se nos vienen de la historia, de la literatura, en especial la de la época victoriana europea o la de la colonia y campesinado latinoamericano, y, por supuesto, de nuestras propias vivencias familiares. Nada más fácil que culpar a los padres o al gobierno anterior, pero llega un punto en donde ya no nos sirve culpar al pasado sino más bien ponernos al día por nuestra escasa elaboración del concepto. Gritar, amenazar, desconfirmar - hacer como que el otr...

El trabajo y los afectos

  Donde hay humanos hay emociones, sentimientos y relaciones afectivas. Lo que tratamos en el trabajo es evitar enredarnos en esos vínculos y decimos, bien sueltos de cuerpo: -        Aquí se viene a trabajar no a hacer amigos. -        La jefatura es sinónimo de soledad. -        El reglamento interno dice claramente que están prohibidas las relaciones sentimentales entre miembros del equipo de trabajo. Ninguna de las frases anteriores ha inhibido que la gente se haga amigos en el trabajo, se enamore o, siendo jefe, se sienta más cercano/a a unos que a otros porque un/a jefe/a solitario/a no logra conectar con un equipo y menos fortalecer la necesaria sinergia que se requiere para funcionar como tal y quererse en el desempeño del trabajo. No me equivoqué, dije quererse. Si validamos a quienes trabajan con nosotros, reconocemos sus talentos y los dejamos expresarse, la simpatía y car...

Cincuentonas

  Hace tiempo he estado pensando que los cincuentones hemos pasado por cambios culturales y tecnológicos vertiginosos durante nuestra existencia, potenciados o amortiguados por la familia y sus vicisitudes. Eso sale en cualquier texto de historia reciente y suena a un cliché a estas alturas. Lo que me ha llamado la atención este último período en que me he dedicado a la atención clínica es cómo ha influido este fenómeno en las mujeres de esta edad, entre las que me cuento, claro está. Crecimos con un modelo de crianza tipo La Hechizada, una mujer linda, delgada, llena de trucos que debía mantener en secreto para que su esposo no se asustara y la siguiera queriendo. La suegra descreída, libre, materialista y metiche y la tía Clara, torpe, distraída, pero buena, son casi arquetipos para nuestra generación. También lo son la protagonista de Mi bella genio, siempre enamorada de su amo, a medio vestir y ocurrente. Crecimos escuchando los himnos al machismo de Sergio y Estíbaliz, esa...

Cambio

  ¿Las personas cambian?, ¿el cambio perdura? Aquí, una podría responder como una humorista: “sí, a veces, depende”. Sería una respuesta poco comprometida, amarillenta dicen por ahí. En mi experiencia, he visto que el cambio requiere de varios ingredientes: Dolor : Por lo general las personas sienten que ya no es adaptativo comportarse como siempre porque el costo físico y mental no es soportable, sufren ellas mismas o hacen sufrir a los demás y, a no ser que se trate de alguien con una personalidad psicopática del tipo desalmada, algunas se motivan al cambio no solo por alcanzar un grado mayor de calidad de vida si no también por la de sus cercanos o para, al menos, no provocarles daño. El dolor se manifiesta de diferentes formas y según ellas se configura un conjunto de síntomas a los que se les pone un nombre: depresión, angustia, TOC y muchos otros. Es bastante evidente que el sufrimiento no es solo mental, si no también físico, porque, aunque suene prosaico, somos biología...

La complejidad de la empatía

  Esta entrada pertenecía a otro blog, en ese entonces me refería a la esperanza de encontrar la verdad como si fuera posible, Un juego imposible. Creo que aplica aquí. No es tan fácil entender a otros, por qué hacen lo que hacen, tampoco lo es entenderse una/o misma/o porque los ángulos de análisis cambian según la emoción subyacente. (Debo haber escuchado a Silvio Rodríguez mientras escribía también)  ¿Dónde quedan las conversaciones confusas?, ¿Dónde quedan las preguntas sin contestar? ¿los virajes intempestivos de lo que uno dice cuando capta que el mensaje no es resonante en el otro? ¿Cómo sabe uno que no está en la misma página que el otro como dicen los gringos?, ¿O en la misma frecuencia de ondas cerebrales, como dice la neurociencia?, ¿Cómo sabe uno que debe renunciar a la claridad para no seguir sumando rizos a la espiral infinita de la confusión?, ¿Por qué se elige quedar sin respuesta a arriesgarse a sentirse en desventaja? ¿Cómo se corrige luego el vacío de explic...