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Autoridad ¿yo?

 


A la mayoría de nosotros nos molesta esa palabra, nos huele a malos tratos, a gritos, a humillación y a los años más duros y dolorosos de la historia de Chile. Nos confundimos y pensamos que ejercer la autoridad es sinónimo de traumas para los hijos y también para los trabajadores.

La autoridad es un concepto ligado a la responsabilidad, distribución de tareas, cuidado mutuo, cumplimiento del objetivo común, respeto y varios similares, no suena a diversión si no más bien a una tarea solemne y difícil. Creo que son asociaciones que se nos vienen de la historia, de la literatura, en especial la de la época victoriana europea o la de la colonia y campesinado latinoamericano, y, por supuesto, de nuestras propias vivencias familiares. Nada más fácil que culpar a los padres o al gobierno anterior, pero llega un punto en donde ya no nos sirve culpar al pasado sino más bien ponernos al día por nuestra escasa elaboración del concepto.

Gritar, amenazar, desconfirmar - hacer como que el otro no existe-, agredir verbal o físicamente no es ejercer la autoridad, más bien la forma más primitiva de controlar la conducta de otros por el temor, demostrando, además, el escaso control de uno mismo. En suma, primitivismo puro.

El poder de la autoridad familiar o institucional es otorgado por los otros. Se valida en el ejercicio de la convivencia diaria, el respeto por la autoridad requiere de la confianza de los demás y del ejercicio responsable de la misma, sin abusos ni negligencias. Una autoridad no tiene por qué ser un/a santo/a, pero sí merecedor del respeto de los demás porque cuando se equivoca lo reconoce o sabe delegar en otros tareas y obligaciones para las que no está capacitado.

Cuando los padres o adultos a cargo del cuidado de los hijos no ejercen el rol mandatado por la sociedad para la integración de nuevos miembros funcionales a la convivencia humana, por lo general hay explicaciones detrás de eso: un sistema de creencias basado en la sabiduría infantil y/o adolescente, malas experiencias infantiles, menosprecio por las habilidades de los hijos, escasa capacidad de tolerar la frustración, rabia y pena de los hijos cuando se les impone una norma, en fin. Por lo general, no se trata de no saber o no querer ejercer adecuadamente el rol de adultos frente a los más jóvenes de la casa. Es muy fácil tildar de malos padres a los demás si no se conoce la historia familiar.

Dado nuestro contexto, para los padres está siendo especialmente difícil ejercer la autoridad, ya los quisiera ver con un/a chiquillo/a de 13 o 14 años de ahora: inteligente, informado/a, que cree que se las sabe todas y deja sin argumentos a los profesores o padres o si tiene síntomas de depresión y a todos les da miedo presionarlo/a o contradecirlo/a, ¡uf!

No es fácil ser adulto, nunca lo ha sido, dan ganas de renunciar, pero, a no ser que usted viva solo/a perdido/a en un bosque y no tenga descendencia ni un trabajo compartido, en algún momento le habrá correspondido o ya le tocará, poner límites, reconocer los méritos de otros, promover, despedir, corregir conductas, cerrar tratos, motivar, ayudar, empujar a otros, sus propios hijos, a que hagan lo que les corresponde hacer.

 

The Temptations, Papa was a rolling Stone

https://www.youtube.com/watch?v=pJV2pWFyfn4&ab_channel=TSQD01


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