(Debo haber escuchado a Silvio Rodríguez mientras escribía también)
¿Dónde quedan las conversaciones confusas?, ¿Dónde quedan las preguntas sin contestar? ¿los virajes intempestivos de lo que uno dice cuando capta que el mensaje no es resonante en el otro? ¿Cómo sabe uno que no está en la misma página que el otro como dicen los gringos?, ¿O en la misma frecuencia de ondas cerebrales, como dice la neurociencia?, ¿Cómo sabe uno que debe renunciar a la claridad para no seguir sumando rizos a la espiral infinita de la confusión?, ¿Por qué se elige quedar sin respuesta a arriesgarse a sentirse en desventaja?
¿Cómo se corrige luego el vacío de explicaciones?, ¿Cómo se reduce la perplejidad? Imagine una entrevista de trabajo, un diálogo difícil con su jefe, una discusión con su pareja, una conversación con alguien que conoce poco. Una situación compleja que se intenta explicar a un niño o sus respuestas a los empujones verbales de un adolescente que busca que usted sea menos contradictorio. No necesito mencionar las conversaciones que intentan aclarar el lazo afectivo.
¿Hacer más preguntas?, ¿Inventar las respuestas y quedarse con ellas?, ¿Dónde está esa información?
Esa información ¿es información? Las explicaciones que uno se da para lo que hace varían, se sofistican según necesidad, se reconstruyen según la tolerancia a la propia falla. Se explicitan según quien tiene al frente: hijo, terapeuta, amigo, nueva pareja. Las verdades no son tales, son a la larga versiones de uno mismo según el estado actual, con juicios más severos o más permisivos. Variaciones de acuerdo con los nuevos aprendizajes y con cuanto estímulo cognitivo o emocional se haya estado expuesto.
Un reordenamiento constante de versiones, de gestos, de signos y conceptos. No hay una secuencia que en algún momento se pueda fijar como ocurre con un personaje de novela. Hasta los personajes de novela varían en el tiempo, según el momento del lector y su estructura analítica.
Ha de conformarse uno entonces con la plasticidad de las propias interpretaciones. Con esa sospecha, a veces paranoica, de que fue capaz de captar la esencia de un momento.
¿Cómo sabes que te escuchó? - ¡Sé que me escuchó!
Pregunta formulada a alguien que le hablaba a un moribundo despidiéndose de él y su taxativa respuesta. ¿Cómo saber?
¿No siente ganas de entrar en otra mente, con sensaciones propioceptivas incluidas, y conocer cómo opera su lógica? Pero, aunque pudiera hacerlo, sería usted en el cerebro de otro. Nunca deja de ser usted por lo que no puede acceder a la complejidad del otro. Solo puede imaginarlo. Solo sería una visita, turisteando en la organización de ideas del otro.
¿Qué hace que un poema traduzca sus sentimientos?, ¿Es traducción, proyección, identificación, exageración?, ¿Se parece a lo que usted siente lo que el poeta quiso decir de lo que sentía? La necesidad de recurrir a imágenes, melodías, metáforas da cuenta de las limitaciones de nuestra mente para informar de su estado.
No es posible tomar selfies de la información, pero lo que usted dice, por diversos canales, y los filtros que aplica para aparecer bien parado, entregarán de igual modo un concepto, a medias verdadero, a medias erróneo, siempre distorsionado. Para bien y para mal.
Por último ¿puede otro saber más de usted que usted mismo?, ¿No sería acaso una buena noticia que ese fenómeno ocurriera? Habría alguien a quien preguntarle por qué uno hace lo que hace, pero no. No hay nadie.
Electronic, Radiation https://www.youtube.com/watch?v=CW6GTgO8boI
Silvio Rodríguez, https://www.youtube.com/watch?v=6oAPkt-LHGc&ab_channel=SilvioRodr%C3%ADguez-Topic
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