Es bien conocida la anécdota
de Sigmund Freud, quien, consultado por una madre acerca de cómo hacer para no
traumatizar a su hijo, contestó a la mujer que hiciera lo que hiciera, se iba a
equivocar de algún modo. En mi opinión, esa respuesta sirve para relajarse y ser
la madre que una puede ser en el contexto que le ha correspondido. La mayoría
tratamos de hacerlo bien según la información que tenemos, las indicaciones
profesionales y por supuesto, con nuestra historia a cuestas.
Hagamos lo que hagamos, seremos objeto de quejas y admiración, de cariño y rencor, de agradecimiento y
culpa, a veces de modo intermitente o todo al mismo tiempo. La maternidad es
una tarea muy compleja desde todos los ángulos de análisis, no en vano, somos
las protagonistas de muchas teorías psicológicas, sesiones de psicoterapia,
caricaturas y mitos. Cómo no pensar en la santa madre o la mala madre y todos
los grises intermedios.
La gran mayoría nos
esforzamos por no repetir patrones que nos resultaron dolorosos de nuestra
propia infancia y, hasta la más autorrealizada y autoconsciente de sus heridas
y traumas, se sorprende diciendo alguna frase desafortunada, mirando de modo
reprobatorio o pensando con la lógica de la propia madre o los padres en su
conjunto.
¿Cómo sería una madre
perfecta? ¿Alguien que no frustre? ¿Que esté disponible 24/7? ¿Que nunca se
enoje? ¿Que muestre o pretenda tener una paciencia infinita que hasta podría
confundirse con indiferencia hacia lo que haga su retoño? ¿Que no discuta jamás
de los jamases con la pareja delante de los niños? ¿Que cocine rico, nutritivo
y balanceado? ¿Que lea, haga deporte y sepa de política internacional para las
conversaciones del almuerzo? ¿Que tenga una carrera profesional descollante y
sepa multiplicar las horas del día por tres para que alcance a estar en todas?
¿Que esté enterada de cada una de las últimas noticias de neurociencias para
estimular el desarrollo de los hijos y haga galletas integrales para las
colaciones? ¿la que sacrifica su independencia económica y otros desarrollos
para quedarse en la casa cuidando a los hijos? ¿la que trabaja con culpa o sin
ella, pero compensa con miles de detalles el tiempo en que está con los niños?
Es más o menos conocida la
paradoja de la madre perfecta, esa que da todo de sí esperando que su retoño
responda a sus cuidados e indicaciones con un buen desarrollo y comportamientos
adecuados, pero como usualmente no es así, se enrabia consigo misma y con
su hijo/a, mostrando su frustración con mayor o menor intensidad, cayendo en las
conductas que más quería evitar.
Qué quiere que le diga, ¿algo
obvio? no existe algo así como la madre perfecta. Todas hacemos nuestro mejor
intento tratando de equilibrar un montón de variables, dudas y
cuestionamientos. Si sus hijos se sienten queridos y en los controles de salud
los parámetros van de acuerdo con sus propias características, lo ha hecho razonablemente
bien. Siempre hay modos de mejorar y de empeorar. Apoyarse en otros es una característica
de nosotros, los homo sapiens sapiens, ser madre es, entre otras miles de
cosas, corporizar la cultura, la historia de dónde nacimos y de quiénes nos
enseñaron, o no, a cuidar y hasta hace poco, eso se hacía en comunidad y no
solo con manuales de instrucción en forma de videos virales.
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