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Etiquetas

 


Como en todos los temas, también en salud mental hay una cantidad absurda de información de variada calidad y profundidad. Me parece que esa avalancha de conceptos, diagnósticos y sensibilidades ha ayudado a que muchas personas puedan reconocer en ellas mismas algunas dificultades que tienen nombre y, con toda probabilidad, aumenta la posibilidad de alivio, ayuda y solución, pero, esa maldita palabra que Sacheri hizo famosa en la película El Secreto de Sus Ojos[1], demasiados fenómenos tienen dos caras al menos.

Junto con la sensibilidad han aumentado las etiquetas y las definiciones de uno mismo y los demás. Las categorizaciones son constructos que sirven en ciencias sociales para ordenar grupos de conductas, creencias y otros. No explican ni dan cuenta de personas reales y las etiquetas, usadas como los signos zodiacales: yo soy esto, ella es aquello, reducen y caricaturizan a las personas y en algunos casos, los más graves, contribuyen al aislamiento y la estigmatización.

Las etiquetas llevan así mismo a las explicaciones tautológicas “está triste porque es depresivo / está depresivo porque está triste”, es una trampa lógica en la que es muy fácil caer, así como también la atribución de las dificultades en distintas áreas a un diagnóstico, autodefinido o inclusive hecho por un especialista.

Una falta de consideración es explicada por un trastorno de déficit atencional; las dificultades para resolver conflictos o comunicarse de forma clara y directa por un supuesto, o real, trastorno del espectro autista. Ya casi nadie dice de sí mismo que tiende a ser tímido o introvertido, sino “soy medio TEA” y entre broma y broma lo van asumiendo como una realidad. Para mayor complicación, a veces sí, el diagnóstico de TEA, TDA y otros son efectivos y requieren medicamentos, apoyo psicoterapéutico, pero, con todo, no son una excusa para no buscar adaptarse a los requisitos mínimos de las relaciones interpersonales. O para no buscar ser feliz, con los criterios personales que la felicidad implica.

Las etiquetas pueden ser peligrosas como factor identitario, reducen el espacio del cambio personal, limitan las zonas a explorar y las potencialidades que cada persona tiene. Si conocerse a sí mismo implica llenarse de adjetivos, cuidado, que se quedan pegados con o sin justicia. Una buena salud mental implica un grado de libertad amplio para el desarrollo personal, inseparable de la vida afectiva y social al menos. La curiosidad por vivir nuevas experiencias y posibilidades implica un marco teórico personal que incluya más alternativas que las que subyacen a cualquier etiqueta. Incluso si alguien se define como vividor/a está disminuyendo en algo la posibilidad de explorar las gracias de la estabilidad.

Por supuesto, hay grupos de conductas que se mantienen relativamente sin cambio a través de los años y son las que permiten sentir una continuidad del yo y por supuesto también, hay una serie de decisiones, creencias, actos y comportamientos que van cambiando porque ha sido necesario y útil a lo menos o hasta por sobrevivencia.

Las personas somos muy complejas como para ser reducidas a una o varias etiquetas. Más difícil todavía es el análisis de cómo nos comportamos en pareja, en familia, en el encuentro con desconocidos. Siempre estamos presentes en esas relaciones, inclusive, si nos dejamos dominar o influir: vamos tomando decisiones, corriendo límites y aceptando, lo positivo y nutritivo que los demás nos entregan como las restricciones y frustraciones que vamos tolerando y normalizando[2]. Etiquetar al otro como narcisista, bipolar, TEA o cualquier diagnóstico, sea efectivo o no, es un intento de poner solo en el otro la responsabilidad de una dinámica que al menos es entre dos. Invisibilizar las propias acciones y decisiones es en algún grado, negarse a sí mismo y conceder al otro todo el poder y responsabilidad.

Junto con información muy útil, por ejemplo acabo de ver una sencilla infografía de cómo funciona el reforzamiento por neurotransmisores de las autolesiones y que requiere algún criterio para procesarla, se encuentran muchísimas publicaciones semi formales con recetas para el éxito, la felicidad, aumento de la productividad, mejora de la autoestima que terminan convirtiéndose en mandatos sociales, trivialización de conceptos centrales para algunos y un análisis muy superficial de lo humano en estos días.



1 “El "pero" es la palabra más puta que conozco -. "te quiero, pero..."; "podría ser, pero..."; "no es grave, pero...". ¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.”

 Eduardo Sacheri, El Secreto de Sus Ojos.

[2] Me refiero a parejas con una dinámica relativamente satisfactoria/insatisfactoria en donde no están presentes riesgos a la integridad física o psicológica de alguno/a de los integrantes.


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