Ya quisiera conocerlos por supuesto,
pero no. Más bien son preguntas.
La mayoría de mis pacientes son
jóvenes, en edad de merecer, se decía antes, es decir personas que están
en edad de buscar o están iniciando relaciones afectivas, amistosas o de pareja,
en vías de ser importantes. Es un tema complejo esto de los vínculos a través
de conversaciones digitales: la frecuencia, la duración, el tiempo de
respuesta, los puntos suspensivos, la elección de las palabras, el uso o falta
de emojis, stickers o memes. Cada vez más, las personas encuentran más
inofensivo escribirse que hablarse, y conocerse, en persona. La cantidad de anglicismos
y neologismos para los diálogos por plataformas habla de lo universal del fenómeno:
dejar en visto (ignorar), ghostear (desaparecer del mapa sin explicación),
stalkear (revisar las redes o espiar sin que necesariamente constituya
acoso) y así varias más.
Si una relación se va volviendo
importante, es parte de los rituales de reconocimiento social subir fotos
juntos/as; etiquetarse y desanimar, por tanto, a terceros que pudieran pulular
por ahí con alguna esperanza. Si es más oficial, las fotos en pareja debieran entonces
aparecer en los avatares de perfiles de distintas plataformas y así,
dependiendo de las características de uno y de otro integrante de la pareja en
el continuo de la confianza en sí mismo y el otro, esto es a mayor inseguridad,
inmadurez, nivel de trauma y otras denominaciones más estigmatizantes, la
vigilancia de las redes puede llegar a ser tóxica, es decir invasiva, abrumadora,
asfixiante o hasta letal en términos de la vida social, virtual o personal, que
la pareja se concede a sí misma.
Una vez terminada la relación se
impone el contacto cero para olvidar rápido y pasar a la siguiente
etapa, pero hay interfases de diversa duración en donde los post, fotos, citas y
otros elementos sirven para decir cosas al/la ex en ánimo de despecho,
venganza, desprecio o en algunos casos, melancolía o dolor profundos, porque
también es parte de los usos sociales tener diferentes cuentas desde donde
vigilar a otros que han bloqueado los perfiles más obvios además, están los
amigos que, cual vecino/a bisagra, observa todos los movimientos y noticias del
barrio virtual y los informa, para bien y para mal, a los interesados.
Por si alguien hubiera pasado de etapa
de duelo o estuviera en vías de recuperación, aparecen los recuerdos de las fotos
guardadas en Google, la nube, Facebook y otros. Esas cosas de antes como
devolución de regalos, fotos, cartas de papel, envoltorios de chocolates y
similares ya no sirven porque la mayoría de los testimonios de una relación
pasaron a ser digitales y alguien puede pasarse horas borrando archivos y sus
respaldos.
¿El olvido es ahora más difícil?
¿las parejas están más expuestas que en un indefinido “antes”?
Las redes sociales y su impacto en
la vida, en todos sus ámbitos y por supuesto en la salud mental, me parece que
recién se está volviendo un fenómeno histórico con alguna distancia para
analizar. Es evidentemente un tema cultural y el tejido social se ha afectado en
su coordinación y organización. Estando dentro del bosque es difícil ver. Por
ahí vi unos estudios de qué pasa con adolescentes que se desconectan de las
redes por algunos días, solo que no son solamente los niños y jóvenes los
afectados, también adultos, bien grandecitos, que han visto en las herramientas
de las redes sociales otra forma de expresar y potenciar y evidenciar sus
habilidades o falta de ellas para vincularse con otras personas.
¿A partir de cuánto tiempo se podrá
apreciar un fenómeno con claridad? Han pasado más de veinte años desde el uso
más o menos frecuente de la internet en Chile, todavía quedamos en edad laboral
los que alcanzamos a usar el papel, el teléfono y las visitas a instituciones
para pedir o enviar información. Suena a época en blanco y negro.
¿Serán más complicados los afectos
entre las personas ahora con tanto nombre para todo? ¿O será siempre lo mismo
con otros canales solamente? Tal vez ocurra que ahora nos enteramos todos, de
las diversas formas de querer. Me inclino por pensar que los intensos, leves,
románticos, tóxicos, buenos para el verso, sinceros, enamoradizos y un enorme
listado de otros estilos de querer han estado siempre presentes solo que con
menos canales de expresión y sin tanto nombre.
Si encuentro estudios y
reflexiones, más serias que las mías por supuesto, las pondré por aquí.
Comentarios
Publicar un comentario