Es
llamativo cómo la comunicación digital por cualquier plataforma se ha
constituido en otra forma de construir y destruir relaciones afectivas. A estas
alturas cualquiera logra advertir si es apreciado, incluido, apartado o
ninguneado por un grupo o una persona en un diálogo de textos. Lo mismo ocurre
con la duración de los grupos que parten llenos de entusiasmo y al cabo de un
año o menos, decrece la participación y los intereses comunes se van diluyendo.
Las
generaciones jóvenes han dado vida al concepto de responsabilidad afectiva,
hacerse cargo de lo que la propia conducta puede generar en otros con los que se
está afectivamente involucrado. Empatía, inteligencia emocional, son conceptos
parecidos. En mi opinión, en lo tocante a la comunicación digital también hay
códigos básicos de educación y buenas costumbres, tipo manual de Carreño.
Las
fantasías que se desatan en las personas a partir de la demora de una respuesta,
si se usa o no emojis, stickers, gifs u otros en el diálogo van desde la
definición de la relación hasta el surgimiento de los fantasmas de las propias
dificultades para manejarse en los códigos relacionales. La velocidad, las pausas,
las correcciones, la ortografía, memes, fotos, canciones, links y archivos compartidos
también son información relacional.
Y
encima está la confianza y la paranoia. Cómo va a ser utilizada la información de
una conversación digital es una cuestión implícita, por lo general no se
conversa de ese tema y un asunto que alguien cree muy privado puede terminar
siendo un TT o un viral. Las funas y bullying digital es un tema
de la mayor relevancia, en especial para los niños y adolescentes que pueden
vivir un verdadero calvario. Algunos utilizan la amenaza de usar esas
herramientas como métodos de chantajes, sea real o no lo que se va a utilizar
para hacerlo público.
La
interpretación de los mensajes, por supuesto, es siempre personal y va a
depender de la estructura de personalidad, el estado emocional y del momento
por el que se esté atravesando, sin embargo, esto como en cualquier
comunicación, no exime de responsabilidad al emisor del mensaje en especial si
es que le importa quién está al otro lado.
Los
códigos también varían según toda clase de factores: culturales, educacionales,
etarios y ni hablar de la intencionalidad, consciente o no, de la comunicación
de los interlocutores o interescritores. Entre los enamorados se va
construyendo poco a poco un lenguaje propio, chistes privados, palabras
convencionales con significado particular, neologismos y, según la etapa del
romance: seducción, inicio, consolidación y las diferentes etapas de la
decadencia de la relación, la comunicación digital va adquiriendo el mismo
brillo u opacidad que despiden las personas que están interactuando. A
propósito, hay una canción vieja de Los Bacilos que se llama así Por qué brillamos[1].
Entre
los más adultos, las normas de urbanidad son importantes en todos los ámbitos incluidos
los grupos de WhatsApp laborales u amistosos. Cuestiones básicas si le importa
ser considerado/a
Respete
al nivel de familiaridad del grupo.
Si
recibe una invitación, responda si va a asistir o no.
Si
recibe saludos de cumpleaños, acuérdese de agradecer y saludar de vuelta cuando
corresponda.
Si
usted es alguien con muchas ocupaciones y no puede leer todos los mensajes, a
veces infinitos, no lo haga peor y pida a alguien de confianza que le informe por
privado, no torture al grupo pidiendo de nuevo la información que, se seguro,
está varias veces escrita.

Comentarios
Publicar un comentario