Foto de Helena Jankovičová Kováčová: https://www.pexels.com/es-es/foto/rojo-gente-arte-festival-5932620/
Las emociones
parecen haber recuperado el terreno que siempre les ha pertenecido, pero que la
racionalidad parecía haberse tomado. Era solo un disfraz porque tras la
apariencia aséptica de un discurso o conducta, solo justificado por la lógica,
se encuentra un festival de neurotransmisores circulando por nuestro cuerpo.
En cualquier caso, parece
muy comprensible que le temamos un poco y a veces demasiado a reconocer y
expresar las emociones, mal que mal sigue predominando en la micro y macro cultura
la caricatura de la persona inteligente y exitosa como alguien muy autocontrolado/a,
racional y en extremo cuidadosa/o en la demostración de sus afectos. Dejemos de
lado por ahora lo que consideramos como inteligencia y éxito.
La evidencia científica
acerca de que la información no solo se percibe y procesa en el cerebro, sino también
desde el intestino y quién sabe, tal vez por otras partes del cuerpo, ya está
disponible. Al fin podemos decir que ese dicho nuestro de saber con la guata era
evidencia tipo A. Nuestro sistema es tan entretenido que, así como toda conducta
es comunicación, también es emoción. Hace poco escuché por ahí que emotion se
podía descomponer en E (energía) y motion movimiento y eso se parece mucho a la
definición de las emociones como disposición a la acción, no cualquiera, un
rango de conductas posibles compatibles con el estado dominante.
No se puede evitar
sentir, no es una decisión, la elección está en lo que se hace con lo que se
siente y lo que hacemos se relaciona con tantas cosas como larga ha sido nuestra
vida e incluso algunos dicen que antes por variables genéticas. Lo difícil es
sentir que se elige responder de un modo u otro. Cuando las situaciones que
vivimos parecen tranquilas o predecibles, por lo general nos movemos con gracia
por la vida, identificamos lo que nos pasa y respondemos de un modo que, a su
vez, nos complace, pero cuando nos sentimos amenazados, angustiados o
ingratamente sorprendidos, no siempre elegimos una respuesta adecuada, en
especial para nosotros mismos. A veces, nos comportamos como consumados
actores, dignos de un premio Óscar, y fingimos una respuesta emocional muy diferente
de lo que queremos hacer.
Cuántas veces dije "no" queriendo decir "sí"
Cuántas veces presentí el principio del fin
Cuántas veces dije "sí" queriendo decir
"no", es así
Como te digo una cosa te digo la otra
Qué horror, hasta mis debilidades son más fuertes que yo
Ese párrafo corresponde a una canción del
Cuarteto de Nos, unos uruguayos capísimos cuya música vine a conocer
tardíamente.
Hay muchos ejemplos
de lo mismo, muchas veces hacemos lo que suponemos se debe hacer en esas
situaciones, todo OK si nos sentimos bien después, pero si, por el contrario, quedamos
con un sabor amargo y nos arrepentimos de no haber dicho o hecho lo que queríamos
o necesitábamos hacer y arruinamos momentos, historias o vidas, la nuestra y la
de otros, por esa eterna contradicción interna, pucha, como que hay trabajar en
eso. ¿Qué nos pasa? A veces no tenemos respuesta porque de tanto hacer lo que
hay que hacer, según quizás qué criterio, no reconocemos qué estamos sintiendo
y opera nuestro soldado defensivo tipo piloto automático. Alguna vez nos sirvió
esa estrategia y se convirtió en nuestra favorita y de tanto usarla se tomó el
protagonismo.
Adaptarse socialmente
es un imperativo, pero la unicidad, la originalidad, el cambio de situaciones
que no pueden seguir así por más tiempo, requieren de una fuerza que proviene
de reconocer el malestar o la contradicción que no puede sostenerse más, de
hacerse cargo de la necesidad de expandir el escondite en donde se han ocultado
deseos, sueños, esperanzas y quién sabe qué más. No es fácil, obvio que no,
pero lo que viene después de reconocer, aceptar y actuar en consistencia con
quienes somos y sentimos, es una sorpresa muy agradable.
Cuarteto de Nos, Lo malo de ser bueno, https://youtu.be/H8hW_0WKBvY?si=YDeL3NdD9o125gQV

Comentarios
Publicar un comentario