¿A usted qué le gusta hacer?
Es
una pregunta en apariencia inofensiva y de muy fácil respuesta y lo es para
quienes están pasando por un buen período y la vida sonríe casi sin esfuerzo,
no lo es tanto para quienes luchan para comenzar otro día y resistir más o
menos enteros. Tampoco para quienes han estado refugiados en sus obligaciones,
reales o sobredimensionadas para que cumplan con eficiencia su rol de refugio o
para otros que, de tan centrados en cumplir con las necesidades de los demás,
dejan de lado sus propios intereses y hasta su identidad.
Si
se agrega una variación al mismo tema con la pregunta ¿qué te hace sentir bien?
a veces la escena se vuelve dramática porque no aparecen las alternativas y entonces
hay que empezar a preguntar con detalle: cuéntame de cuándo te sentiste bien
esta semana, este mes. Qué estabas haciendo, con quién(es), dónde.
Hasta
eso de sentirse bien parece una pregunta extraña para algunas personas y refieren
no tener claridad respecto de lo que es eso de estar bien − ¿quieres decir
feliz, cómoda, tranquila? ¿de salud? ¿de ánimo? La buena noticia es que no hay
una definición que calce con todos de la sensación de estar bien, cada persona
define lo que mejora su estado basal, a veces es el retiro de una circunstancia
triste, generadora de estrés o que consume demasiadas energías personales. Otras
es la suma de experiencia, la exploración y el descubrimiento de más personas,
lugares y actividades.
Por
supuesto que las preguntas y definiciones cambian según el ciclo vital y otras
innumerables variables, sin embargo, no deja de ser llamativo. ¿Es posible
desconectarse tanto de las propias emociones, gustos, sentimientos? Parece que
sí, a veces incluso por una decisión muy racional, como es la evitación del
dolor o para adaptarse a una situación vital compleja. A algunas personas les resulta
eso de cansarse hasta no poder más, no tener ningún rato de ocio y llegar a su
cama exhaustos para comenzar otro día igual de pesado. Otras en cambio,
comienzan a somatizar o a sentirse mal, un estado tan vago o indefinible
como el sentirse bien que mencioné más arriba. Inclusive en algunas
personas aparece una sensación compleja y bastante inescrutable como es la percepción
de un vacío, como si faltara algo, y que, siendo un estado doloroso y
desagradable y hasta generador de angustia, se intenta llenar, con más
actividades, con una agenda sin pausa. Incluso con actividades agradables como socializar
mucho, ir al gimnasio, leer mucho para alcanzar el reto del año en Goodreads
de modo que se transforman en trabajo adicional, en adiciones a la interminable
lista de cosas por hacer y matar el tiempo.
La
lista de entretenimientos y distractores que rodean la vida cotidiana puede ser
abrumadora y perfectamente se puede matar el tiempo, pulverizarlo y
llegar a convertirlo en algo tan imperceptible que un mes o una década pueden
pasar como si nada.
Aquí
podría comenzar a hacer recomendaciones y agregar obligaciones a un deber ser
como cualquier post de psicología o salud mental que se precie de tal, pero me
parece que cada uno elige, con mayor o menor grado de libertad su forma de
enfrentar o evitar el dolor y/o el vacío. Desconfío de los listados (tan
gringos que son ¿no?) y de los recetarios para ser feliz, salir de la
depresión, mejorar la autoestima, tener éxito en la vida e infinitas variaciones
de lo mismo.
Solo
repetiré como mantra la definición de salud mental que implica la sensación de
sentirse libre para decidir y explorar el potencial que cada uno tiene en
diferentes áreas de funcionamiento de la vida, considerando siempre que esa
libertad puede estar mediada por factores que no están bajo el propio control
en grado variable. Quiero decir con esto que cada persona decide, elige, un
modo de vivir según sus posibilidades y, aunque suene muy tirado de las mechas,
hay algunas dispuestas a matar el tiempo en vez de vivirlo.

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