¿Será
cierto eso de que las personas que no se quieren a sí mismas no pueden querer
bien a otros: pareja, familia, amigos? Eso sale a cada rato en las verdades
de Instagram y otras plataformas similares. Aparece también como una verdad
total y absoluta, que las personas que se quieren en exceso a sí mismas tampoco
pueden amar a otros. Inseguros y narcisistas por doquier, hace poco vi en
YouTube el titular de un video “rasgos narcisistas en el rostro”, no lo abrí y de
seguro por curiosidad un día lo veré, también aparecen cosas como significados
de los lunares, en fin, que para colores todos los gustos.
Para
variar entonces hay que tener una buena autoestima, pero no tanta como para aparentar
ser alguien que aplaste a los otros. Recuerde que, en cualquier infografía hecha
para las redes sociales, queda claro que la autoestima de los narcisistas es en
extremo frágil y por eso necesitan a alguien que esté de forma permanente
reafirmando su rendimiento, apariencia, capacidad, ropa, logros de toda clase ¡uf!
El
punto es que no es tan fácil trabajar la autoestima, desarrollarla como
si fuera un músculo y en un plazo, más o menos razonable, cambiar de puntaje en
la escala de amor a sí mismo/a. En mi opinión, la exigencia de tener una buena
autoestima como requisito para merecer amar y ser amado/a contribuye a la baja
autoestima.
No
quiero extenderme aquí sobre la importancia del amor propio sobre bases
creíbles para sí mismo/a, más bien sobre los mínimos aceptables en las
relaciones afectivas, con cualquier nivel de musculatura cariñosa que una/o
tenga hacia sí misma/o.
Con
relación afectiva me refiero a casi cualquier vínculo; en todas las relaciones
sociales, contractuales o informales, me parece que es posible distinguir
mínimos aceptables, por supuesto las huellas de relaciones asimétricas o
abiertamente injustas, pero temporales y utilitarias, no dejarán huellas tan
marcadas como aquellos en que nos jugamos planes y sentido de vida y entonces la
familia, la pareja, los amigos y el trabajo aparecerán como las más importantes
a considerar.
¿Qué
es eso de los mínimos aceptables? Los desde, lo que consideramos como
mínimo de reciprocidad que podemos recibir en una relación en la que ponemos talento,
ilusión, lealtad, apoyo, responsabilidad, cuidado y quien sabe cuánto más. La
lista puede ser mayor o menor, lo que importa es que como dijo Cortázar, un
puente no se sostiene de un solo lado, por lo que los mínimos aceptables son
entonces las manos devueltas o el soporte mínimo que permite la existencia del
puente. Para algunos será un pago justo en el trabajo más algo de reconocimiento
y para otros una lista enorme de variables tipo Best Place to Work. La
lista de mínimos aceptables varía de relación en relación, según el contexto y
tantos factores como lo son las que nos hacen diferentes unos de otros.
Tal
vez más que solo pensar en el amor propio sea más tangible para algunos
explicitar/se las expectativas mínimas o los criterios de satisfacción que
deben estar presentes para definir una relación y esos son muy personales, no
se atienen a listas de revistas psicológicas, criterios de normalidad o del deber
ser familiar, institucional o social. ¿Está la autoestima debajo de estas
expectativas? Por supuesto, pero supongo que no todos están dispuestos a que se
pase la vida, el miedo y las inseguridades antes de lanzarse, tiritón/a y todo,
al riesgo de entrar en el juego de las relaciones, mal que mal hay que estudiar,
trabajar, lidiar con la familia, hacerse amigos y parece un poco inevitable
querer a la gente en el intertanto ¿no?
Sentir
que la carga está mal distribuida, es injusta o genera algunas molestias o
externalidades como ciertos sacrificios, termina por desgastar y agotar aquel
lado del puente que ha puesto más de sí, aún a pesar de los esfuerzos o
sacrificios que aparentemente esté dispuesto a soportar. Me acordé de una
canción de Víctor Manuel (¡mostrando la hilacha de los años!), se llama
precisamente Quién puso más.
Es
más o menos obvio que no hay una medida objetiva ni un instrumento que decida hacia
qué lado se produce el desbalance, puede que alguien sienta que está dando su
vida y la otra apenas lo percibe. Una/o decide si hay desbalance o no, es una
sensación personal, también es una decisión íntima y hasta misteriosa en sus
motivaciones o convicciones si ese desequilibrio es justo, vale la pena o por
cuánto tiempo se puede sostener.
Qué
y cómo recibo lo que el otro me entrega en una relación depende de muchas
variables, parece conveniente chequear/se, conversar con los involucrados, también
con otras personas para explorar/se y recalibrar la sensación de estar en
vínculos mutuamente satisfactorios, si una siente que recibe el amor, afecto o
lo que sea, es lo que merece o espera no habrá quién o qué lo/la mueva de ahí. Los
mínimos aceptables van desde los dramáticos: no me maltrata, al menos no estoy
solo/a; es trabajo; es decir como evitación de situaciones dolorosas o difíciles
de soportar a otros más aceptados socialmente como el respeto a la palabra empeñada,
la familia y otros.
En
líneas generales creo que se puede estar de acuerdo con que las personas
quieren relaciones satisfactorias, seguras, estables y recíprocas, solo que hay
más variables en juego que solo la autoestima. La alusión al concepto de la
dignidad personal, del merecimiento individual, se parece más a lo mínimo que se
espera y se otorga a los demás, inclusive con lo estrechamente ligado que está al
amor propio.
*Aceptamos
el amor que creemos merecer” es una frase que he citado en otros posts y me
parece que ilustra el punto, aparece en un libro y película dirigida a adolescentes,
etapa en la que precisamente se define la identidad, expectativas y otros loops
que toman una vida asumir y cambiar.
*
https://youtu.be/YvkVr9hDQ64 ,escena
de la película Las ventajas de Ser Invisible y basada en el libro del mismo
nombre de Stephen Chbosky
Víctor
Manuel, Quien puso más, https://youtu.be/7T15oaShlM0
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