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Nada Personal ¡oh, oh, oh!

 


Mejor no hablar de ciertas cosas, decía una vieja canción de Sumo, la letra era casi tan variada como la de “Esta canción no dice nada, nada, nada nada” de Pancho del Sur. Me acordé de “No le dijo nada” de Christian Puga y un montón de canciones ochenteras y noventeras acerca de la comunicación. Cómo no mencionar a Miguel Mateos y su “Llámame si me necesitas” o al éxito mundial de Blondie, Call me. En los tiempos que corren vendría siendo, text me, porque llamar es para el trabajo y las urgencias casi exclusivamente.

Es muy posible que todos tengamos áreas de funcionamiento, temas o personas con las que nos es difícil decir lo que sentimos, queremos, necesitamos u opinamos. Incluso las personas en apariencia muy seguras de sí mismas y con la vida resuelta, o que al menos eso aparentan, tienen zonas tipo triángulo de Las Bermudas en donde su valentía, asertividad o claridad de lo que quieren decir se va a pique sin conocer las razones o peor, sin querer explorarlas.

Estos momentos en que nos quedamos sin palabras o con una verborrea vacía de emociones, nos dejan un sabor raro. Una mezcla confusa de sensaciones: frustración, enojo, impotencia, tristeza. A veces hasta tenemos absoluta y total claridad de lo que queremos expresar y en el momento de hacerlo optamos por cualquier conducta que nos evite el estrés del riesgo de que ocurra lo que tememos.

He ahí el quid de la cuestión. ¿Qué miedo nos inunda cuando queremos decir algo y no lo hacemos? A perder algo, la estima del otro, la de nosotros mismos, al tipo de respuesta que recibiremos. Al daño que podemos infligir o recibir, a la vergüenza o la culpa por las potenciales consecuencias de nuestras palabras. O dónde sea que nos lleve la pesadilla que nos imaginamos se va a producir por hablar. Ninguno de esos destinos parece agradable por lo que nos quedamos donde mismo y en el mejor de los casos esperamos con paciencia que llegue una próxima oportunidad.

La puesta de límites en cualquier ámbito es difícil, expresar sentimientos también lo es, tanto que a veces somo incapaces de identificar lo que estamos sintiendo de modo que es más fácil reconocernos cansados en vez de tristes, enojadísimos en lugar de frustrados o humillados, en fin la alquimia emocional a la que recurrimos desde niños cuando queremos parecer enteros e intocables y que se va volviendo cada vez más sofisticada con los años y los recovecos que nos ofrece el lenguaje para escondernos y enredarnos.

Comunicación sin emoción una voz en off con expresión deforme.

Todo se puede decir, hasta lo más vergonzoso y terrible, solo que parece que necesitamos varias experiencias dolorosas para aprender a hablar sin agresión – ni auto agresión –. Hay muchos factores que nos limitan en nuestra capacidad de comunicar algo de forma clara, oportuna, directa y coherente. Cada uno es una historia compleja y la manera en que imagina las escenas futuras no pasa solo por ser una persona segura o insegura, hay muchas más variables que la autoconfianza.

En ningún caso me refiero a andar diciéndole a la gente opiniones sin filtro, consejos que no ha pedido o lo que cada uno considere es la verdad revelada acerca de algo. Para eso está Instagram y miles de gurús pontificadores, es decir, esos puestos ya están tomados. Me refiero a esas situaciones no resueltas que provocan insomnio, ansiedad y/o pensamientos en bucle. Esas situaciones que, de tanto analizarlas desde todos los ángulos posibles, nos parecen territorios conocidos y por lo tanto ponemos el piloto automático y repetimos una y otra vez la misma secuencia.

¿A qué le teme cuando no puede decir lo que quiere decir? Empecemos por ahí.

 

 

 

 

Nostalgic for a fairlytale you were once in, https://youtu.be/S-BbBtsJWlM

Soda Stereo, Nada Personal, https://youtu.be/Vksx1rxZlVY

Spandau Ballet, Communication, https://youtu.be/p-QqRewb7V8

Sumo, Mejor no hablar de ciertas cosas, https://youtu.be/P7M9U0D06iI


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