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Mis amigas dicen

 


Qué latero tener que comenzar un post declarando que sí, soy feminista porque es básico para cualquier civilización considerar que todas las personas son iguales en términos de los derechos y obligaciones. Hay corrientes feministas para dar y regalar y no los voy a aburrir aquí con disquisiciones conceptuales. Total, aquí, y en cualquier parte, escribo lo que quiero, limitada por el pudor personal, a veces invencible, en el caso de los cuentos.

Y justo de eso quiero escribir, de la libertad como concepto central de la salud mental y algunas restricciones que impone el feminismo a las propias mujeres con sus imperativos sobre la conciencia, en especial si se entiende de manera concreta y no se analizan variables de contexto.

Parto por el concepto de salud mental, una persona que siente que puede actualizar sus potencialidades y aumentar el abanico de respuestas frente a diversas situaciones en todas las áreas en donde su vida se desenvuelve es una persona sana, es decir que siente que tiene opciones de conductas y se hace cargo de las consecuencias de estas. Sí, la libertad conlleva responsabilidad por los propios actos en tanto somos parte de sistemas humanos de diverso tamaño y propósitos. Hablamos de alguien que siente que decide por sí mismo, ojalá sin presiones y con las oportunidades necesarias para alcanzar sus objetivos y plenitud personal de acuerdo con su definición de bienestar, que necesariamente implica, es evidente, considerar el bienestar de los demás, no más y tampoco menos que el propio.

Ahí es donde me he encontrado con algunos extraños conceptos de sororidad, por ejemplo, reprimir los propios sentimientos hacia alguien que tiene un/a amigo/a con ventajas, andante, pololo/a o un nivel de compromiso por definición temporal o de prueba. El objetivo sería proteger a su compañera de alguien que puede sucumbir a la conducta seductora de otra mujer. Es decir, ese hombre o mujer, sería tan débil que podría dejarse llevar por un impulso, perder la conciencia y no ser responsable de <caer> en el juego de una tercera persona. ¿Pobrecito/a no? No pudo resistirse a los encantos de alguien. ¿A quién se protege culpando a la tercera persona en el juego? No me parece justo, ni solidario, ni nada. Pienso que más bien se trata de una policía moral en que el juego de la conciencia que más parece una marca de territorio que una consistencia conceptual feminista. Ciertamente los adolescentes son taxativos en sus juicios, pero de ahí a continuar con esos parámetros después de ese período puede ser un tanto talibán.

Nótese, me estoy refiriendo a relaciones sin un compromiso sólido: convivencias, AUC o matrimonios no entran en este tema, aunque sí sostengo que culpar al/la tercero/a es de lo más injusto, pero eso será tema para otro post.

Cualquier imposición de conducta limita la capacidad de tomar decisiones, como si hubiera que pedir la venia de oráculo de las guías de la buena feminista y no creo para nada que ese sea el espíritu del movimiento. Las amigas son importantes siempre, forever and ever, de ahí a generar un código de pertenencia no creo que ayude a sus integrantes a no ser que se trate de una secta y ¡no pues! Las decisiones son de cada cual, hombres y mujeres podemos hablar con libertad y participar del juego de la vida sin andar acusándonos de esto y lo otro, no todas somos unas pobrecitas a merced de los lobos ni todos ellos unos impulsivos que aprovechan cada oportunidad. De que los hay, los hay. Jugar a la víctima y al Don Juan sí que es rancio, hacerse cargo la lleva.

Otra derivada de estos códigos de conducta es tener que aparecer todo el rato, en todo lugar, sin descanso como una mujer que anda de poderosa por la vida y no se permite pedir cariñitos, regaloneos, ayuda o ser dulce con la persona que quiere como si eso fuera ser Vilma Picapiedra y dejarse oprimir por la pareja. A veces esa conducta se trata de evitar la sobrecarga de trabajo doméstico o que se convierta en una regla eso de ser la que prepara el cocktail del fin de semana, la cariñosa, o lo que sea. Incluso el temor a repetir patrones antiguos que se dieron en una o varias relaciones anteriores. Si usted es cariñosa ¿le parece justo disfrazarse de la Quintrala todo el tiempo? a mí no. Por último, si esta nueva relación se va a terminar o va a fructificar que lo sea por ser quienes realmente son y no por andar de personaje por la vida. Las cosas se conversan, las reglas de principio se pueden cambiar, los roles se pueden compartir. Se puede decidir en conjunto también.

Podría darle varias vueltas a este tema, pero por hoy lo dejo hasta aquí.


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