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Mi jefe/a es un dolor de cabeza

 


En los procesos de psicoterapia aparecen con frecuencia quejas por el trabajo. Dilemas acerca de la relación con los pares en algunas ocasiones y en la mayoría de las veces problemazos con el/la jefe/a.

La falta de reconocimiento es por lejos una de las quejas más frecuentes en mi casuística, ser invisible en el trabajo excepto cuando hay dificultades, no es una experiencia agradable para nadie. Como en cualquier situación es necesario considerar diversos puntos de vista, no solo de quien se siente injustamente tratado/a. Descartando características muy particulares de personalidad o de algún tipo de trastorno temporal de los involucrados me parece que las situaciones atribuibles al/la jefe/a por lejos se relacionan con problemas de autoconfianza.

Creo que la inseguridad es bastante evidente en aquellos jefes que se sienten amenazados por los miembros de su equipo, como si debieran saber más de todos los temas y más que todos los integrantes del equipo y no solo eso sino, ojalá, antes que cualquiera. Se plantea como exigencia personal tener un alto control sobre las estrategias presentes y futuras del equipo o área a su cargo. Si alguien no se siente con los conocimientos, competencias y/o habilidades para dirigir un equipo tenderá a apropiarse de las iniciativas de otros, a hacer cambios innecesarios que mostrará como innovación, aunque el aporte sea nulo; prestará atención a rumores e incluso los alentará para contar con información informal que podrá utilizar para descalificar a alguien que comience a destacar.

La inseguridad personal estrecha la visión global y la capacidad de apreciar de manera más integrada a los demás: me refiero a esos jefes que se quedan pegados en una historia, el conocido efecto de halo que no es otra cosa que un prejuicio sostenido sobre alguien basado en un hecho o conducta de escasa importancia en el sistema global o en el historial de desempeño del afectado. Así, por más esfuerzos de mejora que haga alguien después de un error o problema, la evaluación negativa persistirá porque la inseguridad personal por lo general vive en un plano más inconsciente en la mayoría de las personas y más aún en alguien que tiene algún grado de poder sobre otros.

Alguien con problemas de autoconfianza se resiste a reconocer los aportes de otros, no porque no los vea, sino porque puede sentir que debió ocurrírsele antes, de modo que recurrirá a casi cualquier elemento para considerarse partícipe o autor de la idea o criticará aspectos insignificantes.

Ni hablar de los/as jefes/as con perfil narcisista, pueden posar de simpáticos, flexibles, sociables y en ocasiones hasta generosos siempre y cuando los integrantes del equipo actúen como séquito, aceptando con entusiasmo cada ocurrencia del/la jefecito/a, pongan buena cara y se limiten a asentir y sonreír frente a él/ella. Este tipo de persona puede llegar a reconocer a algunos por su desempeño, siempre y cuando paguen el precio por su consideración siendo serviles a toda prueba y nunca pretendan criticar algún detalle de su gestión. Estos/as jefes/as están entre los más odiados, y con razón, pero como tienen la empatía de un bototo y andan de sonrientes y winners por la vida, ni cuenta se dan. Ellos genuinamente piensan que no hay personas más inteligentes, simpáticas, innovadoras y un montón de otras virtudes en el equipo que ellos mismos. Pueden urdir estrategias y utilizar a los demás para lograr sus objetivos sin ningún miramiento,

Alguien con talento, al cabo de un tiempo variable de resistencia, por supuesto que se agotará y querrá irse de una organización que no le ofrece posibilidades de ocupar posiciones a la altura de sus competencias y aportes. Un/a jefe/a tipo burócrata lo/a considerará una amenaza para sí mismo/a y le colgará motes de orgulloso/a, soberbio/a, conflictivo/a o tendrá un pero a flor de piel ante cualquier sugerencia de promoción o de dar curso a alguno de sus planteamientos. Ignorará las posibilidades que se abren al incluir a quien ha demostrado particular capacidad para resolver diversos problemas y desoirá sus solicitudes u ofrecimientos. Solo alguien con algo de visión de conjunto es capaz de considerar que potenciar las habilidades del equipo a su cargo es conveniente incluso desde un ángulo utilitario y egoísta ¿acaso no es parte de una buena gestión (de la jefatura) ubicar a las mejores personas en las posiciones en que se actualicen sus capacidades y el sistema global comience a girar en un espiral virtuoso de crecimiento?

Equipos consolidados y con integrantes de gran talento, han decaído en su rendimiento por una jefatura incapaz de potenciar a sus integrantes, por poner personas poco idóneas en puestos claves, por no generar los incentivos a quienes quieren mejorar las prácticas, por falta de transparencia y justicia en la toma de decisiones, por la persecución de objetivos pequeños y de corto plazo que, por supuesto, dicen a gritos que no existe una visión global ni la capacidad de análisis para adelantarse a las oportunidades y dificultades.

 

Joan Manuel Serrat, A usted

https://youtu.be/YREVFWbJb1g

 Domenico Modugno, Un puntapié a la ciudad

https://youtu.be/ToLOw-O9Qug

 


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