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La desagradable, agotadora y difícil tarea de poner límites conductuales a los hijos

 


Esta vez me referiré a las tareas de crianza de los adultos a cargo de niños y/o adolescentes. Los estudios en psicología han oscilado desde las perspectivas más permisivas: los niños vienen con una sabiduría interna e innata y sabrán lo que deben hacer, hasta las más restrictivas con modelos tipo condicionamiento pavloviano, ese que hacía salivar a los perros con una campanita, y otros que demostraron que los humanos también aprendemos con castigos o refuerzos o dicho en palabras de un papá que conocí: “aplicando bombas y guatapiques o sonrisas y caramelos”.

El punto es que sea dónde sea que uno/a se ubique en el continuo del autoritarismo y la permisividad, la tarea es muy complicada y desagradable y cuando decidimos ser madres o padres, conscientes o inconscientes de la tarea que se nos venía encima, nos imaginábamos a lindas guagüitas en nuestros brazos y no a unos chiquillos pernos discutiéndonos todo, gritones, insolentes, flojos, desubicados y esos lindos adjetivos que adherimos a nuestros niños cuando estamos enojados, pero que solemos no decir en voz alta. Eso espero.

Hay muchos artículos en la web que refieren las características más efectivas de la puesta de límites con niños y adolescentes, espero acordarme de poner los vínculos al final. Trataré de resumir mucho este tema porque tampoco para mi es muy agradable😒.

¿Por qué es importante la puesta de límites?

Porque se trata de formar personas que se hacen cargo de sus decisiones asumiendo las consecuencias de sus conductas; esto implica aprender a tolerar la frustración, desarrollar empatía y confiar en las propias capacidades entre muchos otros procesos internos. Si solo se queda con la tolerancia a la frustración, su enorme empeño como padre o madre, habrá valido la pena.

¿Qué son los límites de conducta?

Aquel encuadre familiar, escolar, social que explícitamente define lo que está permitido y prohibido hacer en determinado contexto o período. Cada familia define lo que le parece correcto o indebido y los adultos a cargo deberán desarrollar un intenso diálogo al respecto para definir consensos mínimos. Por supuesto, jamás de los jamases podrán adelantar todas las posibilidades que existen para traspasar su sistema de normas, por lo que ese diálogo de coordinación deberá mantenerse forever and ever, aun cuando la convivencia haya cesado.

Un sistema de normas o límites que puede servir de ejemplo es la ley del tránsito: explícita y conocida por todos los conductores.

¿Cuáles son los elementos claves de la puesta de límites?

1.     El amor por los hijos: la combinación ideal esperada es cariño y firmeza, escribirlo y decirlo es muy fácil, otra cosa es aplicarlo. El amor y la preocupación posibilitan la paciencia, el autocontrol y la toma de decisiones más razonadas; abren espacio para el diálogo y la flexibilidad cuando se requiere. Y, sobre todo, permiten ser perseverante en una tarea maratónica.

2.     Claridad de los fundamentos inspiradores de las normas familiares: Cada norma se basa en algún valor que la familia considera importante para la vida de sus integrantes, no solo para los hijos. Valores hay para dar y regalar y aunque no los tengamos tan a la mano a veces para explicar nuestras decisiones, vale la pena revisarlos para poder argumentar con nuestros adolescentes, expertos en enrostrarnos nuestras contradicciones. En esta familia qué se valora ¿la verdad, la honestidad, la armonía, el éxito, el esfuerzo, la valentía, la solidaridad? Ya se habrá dado cuenta de que a veces no es tan fácil que los valores que decimos profesar sean consistentes entre sí. Su adolescente seguro lo notará y debe prepararse para defender su punto.

3.     Decisión de los adultos a cargo para operar como un equipo coordinado y persistente: Ya pasó hace muuuuuucho tiempo la división tradicional de roles en que el padre era sinónimo de normas, estrictez y castigo y la madre, del cariño, regaloneos y perdonazos. Qué troglodita suena ¿cierto? Injusto para padres y madres, además de ineficiente. Los adultos a cargo incluye: pareja actual de alguno de los padres, tíos, abuelos, cuñados, en fin, los que compartan el hogar con los niños. Por supuesto que los hijos esperan que sean sus padres o cuidadores más permanentes y presentes quienes lleven la batuta en estos temas, pero basta un/a abuelito/a buena onda, porfiadito/a y descalificador/a, aunque bien intencionado, para torpedear y hacer fracasar hasta los más monumentales esfuerzos si no sigue el reglamento definido para sus queridos nietos.

La persistencia del equipo es importantísima porque la tarea de los hijos es ir ganando espacio de decisiones y la de los adultos ir desarrollando esa capacidad en sus hijos de modo que puedan confiar en su buen criterio para el autocuidado, autoestima y miles de cosas más, la cuestión es que los chicos querrán más espacio del que pueden manejar y requieren guía y supervisión afectuosa y efectiva. De nuevo, parece obvio y fácil, pero ya lo/a veo escuchando una vocecita que repite por un rato largo e insoportable “ya poh mami, ya poh papi, ya poh mami, ya poh papi” eso multiplicado por 300 elevado a 58, día tras día para intentar preservar el status quo. Con el propósito de soportar esa tarea es que se requiere persistencia y energía, mucha energía para el autocontrol y no abandonar con el clásico “¡me aburrieron hagan lo que quieran! (agregue chilenismos varios).

4.     Buscar las explicaciones que usted y los otros adultos a cargo se han dado para no poner límites efectivos hasta ahora. ¿Sus hijos nacieron con algún problema? ¿han vivido circunstancias muy complejas? ¿cree que los va a traumatizar? ¿se siente usted culpable por algo? ¿quiere hacer con sus hijos lo contrario, o lo mismo, que hicieron sus padres con usted? ¿cree que madurarán solos algún día? ¿no tiene paciencia o tiene muchos problemas y no le queda energía para supervisar tareas, modales, hábitos? ¿teme perder el control y llegar a ser violento/a? Lo que sea que esté a la base de sus dificultades para poner límites es importantísimo que lo converse con los otros adultos a cargo y si eso no basta, mejor pida ayuda profesional oportuna. En serio.

5.     Si no está convencido/a mejor no empiece: Recuerde que cada intento fallido deja huella en usted y sus hijos, si ya hay un historial en su familia, no son obstáculos para que esta vez sea un “ahora sí que sí”, pero es evidente que es mejor partir con toda la energía y compromiso disponible.

6.     Asegúrese de comportarse como adulto y regule la expresión de sus emociones: Recuerde y repita como mantra: no se puede controlar el surgimiento de las emociones, rabia, miedo, tristeza, desesperación, etc., pero sí se controla lo que hace con ellas o como las expresa. El/la adulto/a es usted, no puede darse el lujo de comportarse de modo infantil y perder el control. Sugerencias: salga de escena y haga otra cosa, pinte mandalas, enciérrese en el baño y gesticule los garabatos que quiere decir y no puede, salga a trotar, saque a pasear al perro, cualquier cosa que lo/a haga aparecer como un adulto en control de sí mismo ¿no es eso lo que quiere enseñar a sus hijos?

7.     Los límites requieren buen trato, supervisión y acompañamiento: en ningún caso dé sermones, referencias a su sacrificado pasado o de repetir una y otra vez una orden: ¡hasta cuándo tengo que decirte que! Llegues a la hora acordada, pongas la mesa, trates bien a tu hermana.

Una norma no tiene sentido si no es supervisada y si no va asociada a que pase algo si se cumple o no. Los incentivos, como ganar derechos, son más efectivos que la pérdida de privilegios; también funcionan los refuerzos verbales, los gestos positivos los abrazos. Cada hijo/a es diferente y lo que para uno es refuerzo para el otro es un verdadero castigo. Usted los conoce mejor que nadie por lo que no será tan difícil identificar qué puede ser útil para apoyar la instalación de normas con ellos.

8.     ¿Los niños y adolescentes necesitan límites?: La respuesta es un rotundo sí, no tantas como para ahogar su creatividad, alegría e identidad, no tan pocas como para sentir angustia y falta de apoyo por tener que decidir solo, sin estar preparado para aquello. Los adultos hemos experimentado en distintas circunstancias esa sensación de ambigüedad e incertidumbre y nos es difícil manejarlas, para los niños y adolescentes es peor.

¡Uf! Esto salió más largo de lo que pensé.

9.     Finalmente, van algunos vínculos (no me olvidé):     https://www.iniciasarabia.es/infantil-adolescentes/normasylimites/#:~:text=Debemos%20tener%20en%20cuenta%20a,recoger%20la%20habitaci%C3%B3n%20por%20favor%E2%80%9D 

http://apyma.es/wp-content/uploads/2014/02/1aprenderlimites.pdf

https://www.academia.edu/10329026/C%C3%B3mo_poner_normas_y_l%C3%ADmites_a_los_adolescentes

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