Parece
que está difícil crecer. Cada generación tiene sus propios desafíos y afanes; a
veces hago el ejercicio de imaginarme cómo hubiera sido mi adolescencia en esta
etapa y creo que, con mis dificultades de focalizar la atención en una sola cosa,
no sé si hubiera aprobado una carrera universitaria con tantos distractores
disponibles.
Los
niños, adolescentes y adolescentes tardíos, digamos guailones casi treintones
y más, tienen un acceso casi ilimitado a la tecnología que permite aprender
muchísimo, pero también llena la existencia de ocupaciones más o menos sociales
en el mundo virtual, juegos, grupos de amigos, imágenes de personas que tienen
vida, o eso parece, según las fotos que publican.
La
información acerca de carreras universitarias o técnicas está disponible en
menos de un segundo en la red. Sin embargo, el surgimiento de nuevas
ocupaciones como Community manager, influencer, youtuber y muchas más, han
hecho de la misión de la independencia económica algo no necesariamente ligado
a los estudios o las clásicas habilidades para el trabajo de las generaciones
anteriores. Hay muchos textos que tratan de los desafíos cognitivos para los
jóvenes actuales, basta entrar a LinkedIn y se capta un mundo diferente de
aquel al que nosotros, los viejos, solíamos enfrentar para buscar trabajo.
Más
allá de este contexto social, tecnológico, sanitario, político, económico que
difícilmente se puede analizar desde lejos cuando se trata de nuestros hijos,
me he encontrado con jóvenes muy confundidos y hasta deprimidos por no saber
qué estudiar o que dilatan el rito de pasaje que es hacer la tesis, titularse y
ni hablar de irse de la casa.
En
la aun escasa casuística con la que he tenido contacto, he observado algunas
recurrencias:
ü Jóvenes
inteligentes: buenas capacidades en diferentes áreas, no siempre afines o conectadas
entre sí desde una perspectiva más tradicional. (buenos para cálculo y el
dibujo digital, por ejemplo)
ü Hijos
de padre y/o madre exigente y que han sido muy resilientes en su infancia y
adolescencia; amigos de decir “a tu edad yo x x x” y a quienes les es difícil
empatizar con el contexto emocional que viven sus hijos.
ü Padres con discurso poco consistente entre sí: uno opera de comprensivo y el otro como el lejano y/o exigente.
ü Inseguros
respecto de muchas de sus características: aspecto físico, habilidades sociales,
capacidad intelectual.
ü Muy
severos en sus juicios respecto de todo y todos, por supuesto también de sí
mismos lo que resulta un tanto paralizante en la toma de decisiones porque el
margen de error es mínimo y constituye otra prueba de la autoexigencia poco
sana que sostienen.
ü Sensibles,
hipersensibles a cualquier crítica, real o imaginaria.
ü Falta
de asertividad en la puesta de límites y expresión emocional.
ü Sensación
de ser una decepción para sus padres y la familia en general.
Si
unimos esto al puritanismo de la generación entre veinte y treinta y tantos dispuestos
a enjuiciar al mundo adulto y al mismo tiempo con grandes dificultades para
asumir su propia adultez, tenemos una mezcla poco propicia para el desarrollo
de la autonomía. Cada caso es diferente por supuesto, pero a veces ayuda ver
algunos temas en común.
Como
dice la canción de Roberto Carlos, Detalles, mas casi me olvido de un gran
detalle (nada que ver con el tema por supuesto, era por lo de los detalles).
A los adultos se nos ha hecho difícil guiar, poner límites, reafirmar a
nuestros hijos y ahora nos dejamos juzgar con parámetros morales fáciles de
predicar para ellos que no se someten a ningún dilema. Predicadores sin
experiencia y con gran soberbia para opinar acerca de lo que hicimos, hacemos y
haremos (si se acuerda de Giorgio Jackson, no era mi intención, pero sí,
también). Es fácil moralizar desde el púlpito sin hacerse cargo de las propias
acciones o la pasividad.
Cualquiera
sea el caso, mis colegas y yo sabemos que necesitamos todo el lado claro de la
fuerza para trabajar con estos chiquillos/as y ayudarlos a crecer sin temer
tanto a hacerse cargo de su vida con aciertos y errores incluidos.
Roberto
Carlos, Detalles

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