Buscando
información sobre la tolerancia a la ambigüedad en las relaciones afectivas, di
con un tema que los gringos llaman algo así como migajas de interés y me
pareció más interesante, así es que la idea original quedará para después. Pondré
aquí las ideas principales de un par de artículos que estarán debidamente
vinculados para quienes quieran leerlos en el texto original.
El
concepto gringo es breadcrumbing el significado literal es rayar el pan,
pero se refiere a, dicho en chileno, dar agüita al/la otro/a para que
permanezca interesado/a, pero sin intención real de dar un paso más.
Quien
tiene más interés en profundizar el vínculo estará atento/a los mensajes,
llamadas, orden de las palabras y busca señales en cada gesto o contacto y
puede caer en sobre interpretaciones de las conductas de su sujeto de interés. Si
la sensación es de confusión, y los intentos por clarificar la situación lleva
a leer varias veces los mensajes, repetir las conversaciones mentalmente por si
hubo una mala comprensión de lo dicho o surge la necesidad de que otras
personas aclaren qué es lo quiere el/la susodicho/a, puede ser que a una/o le
estén dando migajas para seguir enganchado/a o para tener a alguien en el banco
de reservas por si un día le dan ganas de dar un paso más. En ocasiones puede
ser parte de una estrategia de seducción y ambos participantes van evaluando si
continúan en ese juego según el aguante o paciencia de cada uno, pero si una/o
se queda ahí, sin decir cómo se siente con eso porque no está seguro/a de qué
tipo de juego se trata, aquí van unas ayuditas prácticas para identificar las
migajas:
-
Te
dan un mínimo de tiempo y atención para mantenerte ahí. Esperando.
-
Te
dejan con una sensación de querer más.
-
Las
invitaciones a verse y similares quedan indefinidas y no se concretan por lo
que te confundes.
-
Su
comportamiento no calza con sus palabras: dice que le dan ganas de verte, de
hablar, pero luego no hace nada o muy poco, lo justo.
-
Muestra
una actitud inconsistente contigo: a veces parece muy interesado/a y amable y
luego es más bien frío/a sin que te logres explicar qué pasó.
-
Oscila
entre tratarte como un/a amigo/a hermano/a y candidato/a a compañero/a
sentimental.
Los
juegos de seducción, como dice la canción de Soda Stereo, requieren ciertas
habilidades, más o menos consensuadas de acuerdo con el contexto cultural de
los participantes y, por supuesto, de las características de ambos/as. Los más
inseguros pueden permanecer largo tiempo en un tira y afloja hasta tener la
certeza de que el/la otro/a tiene las mismas expectativas de la relación. No
voy a ahondar en si son las mismas con exactitud, pero al menos la coincidencia
en la disposición a intentar. Cada uno decide cuánto tiempo o qué eventos
esperará para considerar oportuno abordar el tema o realizar algún avance
físico que por lo general ahorra esas difíciles conversaciones aclaratorias del
tipo − ¿qué somos? –. A diferencia de lo expuesto en los artículos gringos, no
me parece que detrás de una conducta inconsistente exista manipulación
afectiva, al menos no a propósito. En mi opinión hay más inseguridad que otra
cosa, lo mismo que desaparecer o hacer ghosting, sin dar ninguna
explicación. Se trata de conductas evitativas, exageradas y carentes de responsabilidad
afectiva, pero sobre la base de la inseguridad o de no querer ser responsable
de un cierre de la relación o situación.
Culpar
al otro de las expectativas que una/o se generó a partir de algunos eventos
resulta tan tentador como huir sin decir nada, qué lata, si una/o acepta que es
una persona con opinión, que existe y por lo tanto se comporta o comunica
inevitablemente en la interacción con el otro, incluso mediante un silencio
pertinaz, no tiene más alternativa que asumir que forma parte del juego. Y en
los juegos no siempre se gana.
Si
la confusión persiste y la sensación ya comienza a ser desagradable, más vale
salir de ahí o hablar, o hacer algo, pero la pasividad y la actitud de quien
espera toda la eternidad, − me acordé de Penélope en todas sus versiones, la de
Ulises, Serrat y la de los Thunderbirds – no es responsabilidad exclusiva
de quien ofrece migajas sino también de quien las acepta.
Los
románticos empedernidos pueden decir que cuando se ama a alguien cualquier cosa,
inclusive unas cuantas migajas, puede ser suficiente, pero a la larga, como
dicen las abuelas, todos los sacrificios se cobran y lo que es peor, por estar
ahí, recibiendo poquito cuando lo que se quiere es el banquete completo, se
puede estar perdiendo la posibilidad de vivir otras experiencias más
satisfactorias.
“Aceptamos
el amor que creemos merecer” dice un personaje del libro Las Ventajas de Ser Invisible,
de Stephen Chbosk, creo que esa frase resume el punto.
Joan
Manuel Serrat, Penélope
https://psychcentral.com/relationships/breadcrumbing

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