Por
gusto y por deber he ido enterándome de cómo se usan algunas redes sociales; en
todos los sistemas en que participamos personas hay regularidades y normas de
uso, explícitas o implícitas, que regulan el comportamiento de los usuarios,
algo así como el viejísimo Manual de Carreño. Como no tengo ninguna intención
de referirme a ningún deber ser, en lo que sigue en este post solo mencionaré
algunas observaciones que estarán obsoletas en menos de 6 minutos así es que no
tienen importancia alguna.
_ Las
personas se muestran tal como son en sus redes sociales: hay un patrón en sus
contenidos, fotos, textos o material que suben o comparten. Por supuesto, me
refiero a las personas comunes y corrientes, no a aquellas cuentas que son manejadas
por un gestor de comunidades o community manager (CM). Aunque a veces
una lo lamente, no se puede dejar de ser quien una es, no todo el tiempo, no
con todos. Así es que se termina mostrando la hilacha tarde o temprano.
_ Es
ya bien conocido que Facebook es usado solo por gente sobre 40 años o más jóvenes
que manejan pequeños negocios de ventas on line, los treintones y
veinteañeros migraron a Instagram, el reino de las fotos, hace mucho y como ya
está saturándose de comercio y gente mayor anhelante de estar In, han
migrado de más en más a tik tok que comenzó como entretenimiento para adolescentes y poco a poco, suma y vuelve adictas a
personas que hace rato dejaron la edad dorada y se acercan más a los años
dorados. Es obvio que seguirán surgiendo nuevos modelos de negocios con
distintos formatos para mostrarse y ver y conocer a otros. ¿Tiene algo de malo
ver qué se usa, reírse un poco, leer de la farándula, pelar a los amigos que son
creadores de contenidos divertidos o promueven sus negocios? ¡Para nada! Cada uno
encontrará la plataforma que más se acomode a su forma de socializar y para
muchos las redes no son siquiera una alternativa. Hay para todos los gustos. Cada
plataforma tiene sus reglas de funcionamiento y quienes las dictan son los más
populares cuya fuente de ingresos es precisamente ser populares en esas redes.
Suena tautológico, pero no. Recuerde que el comercio y las campañas políticas dan cuenta del poder de un video, un bailecito y así es que estamos como estamos en el mundo. En mi opinión, más vale conocer las formas de influencia y tomar la distancia que una crea necesaria.
_ Los
likes, comentarios o interacciones constituyen premios o refuerzos para
cierto tipo de mensajes que, se sabe, van alimentando algoritmos, pero, además, se van
transformando en anclas de la autoestima de las personas más vulnerables y
dependientes del juicio externo para definirse a sí mismos. Es evidente que
niños, adolescentes y personas con una valoración ligada a la imagen o al
concepto de éxito social son los más susceptibles a la aprobación y
harán muchos esfuerzos para recibir likes y tener más seguidores cada
día.
_ Las
redes satisfacen necesidades afectivas en distinto grado y cumplen un
rol de canalización de las motivaciones profundas y superficiales de quienes
las usan. No todos buscan lo mismo, es una obviedad.
_ Las
relaciones afectivas por plataformas de mensajería: WhatsApp, Messenger, Discord, Telegram
o cualquiera del mismo tipo, incluidas en cualquier sistema, siguen las mismas reglas que una conversación
presencial, incluso pueden llegar a profundizar vínculos amistosos, románticos,
laborales o de cualquier índole que, dependiendo de innumerables factores,
pueden derivar en la vivencia de una relación que se siente como real,
pero que carece del peso y/o la recompensa del contacto físico.
“Yo
te prefiero fuera de foco, inalcanzable, yo te prefiero irreversible, casi
intocable”
_
Las rupturas amorosas, amistosas,
inclusive laborales, incluyen, en especial para las generaciones más jóvenes,
los rituales de las redes sociales: dejar de interactuar con el/la ex, amigos
en común y familias; dependiendo de las condiciones del término se procede a
dejar de seguir, eliminar de la lista de amigos, bloqueos, subida de fotos de
venganza mostrando una vida feliz y plena; y en casos de personas menos
sofisticadas, abundan los mensajes de despecho y desprecio por su ex amor que
no hacen más que confirmar lo mucho que les importa aún. La delicadeza, cuidado
y cariño o responsabilidad afectiva, por el/la ex se muestran cuidando los
mensajes y los contenidos subidos por un tiempo variable, según el grado de
compromiso de los involucrados. La instantaneidad de la comunicación, la posibilidad
de observar al otro sin ser visto/a, de teclear e iniciar un intercambio de
textos, genera mayores dificultades para dejar ir una relación complicada y es
una gran dificultad para personas impulsivas o que se encuentra en un estado de
fragilidad afectiva.
_
La intensidad del vínculo, formado o no, a
través de plataformas de mensajería, con o sin contacto personal o físico, cuenta
con diversos indicadores: frecuencia de mensajes, duración de los intercambios,
velocidad de respuesta, quién inicia el contacto, formas de saludar y despedirse,
lo que ha agregado complejidad a las relaciones de todo tipo. La reciprocidad
del vínculo también puede observarse del mismo modo: ¿quién propone qué, siempre,
una vez cada uno/a o no hay un patrón definido?
_
El grado de experticia en las redes
sociales se parece mucho a las destrezas comunicacionales en la vida social
presencial, aunque no siempre. Las redes sociales pueden permitir a los más
inhibidos expresarse con mayor libertad, dependiendo de las circunstancias y
con quienes se estén comunicando.
_ Las personas agresivas encuentran a los de su especie principalmente en Twitter que se parece a una avenida con un enorme taco y en donde cada cual, protegido por la carrocería de su vehículo, se dedica a gritar improperios sin arriesgar más que una respuesta verbal de vuelta. Aun así, la posibilidad de salir malherido/a es alta y con cargo al propio riesgo. Por supuesto, también hay cuentas que aportan a variados intereses y hay personas civilizadas e interesantes que aportan con enlaces, textos y dan cuenta de su generosidad. En todo caso, si quiere reclamar a alguien por algo, lo que sea, Twitter es el lugar para vociferar sin demasiada culpa.
_ Otra obviedad, a casi todos nos es difícil reconocer y menos exponer si estamos pasando por una época debilucha, cualquiera sea el motivo, por lo que no me parece tan raro que a muchas personas les guste subir fotos de sus buenos momentos y habría que ser muy ingenuo para pensar que la vida es así siempre, todos los días, todas las horas. Me resulta más difícil comprender porqué hay personas que exponen su tristeza sin resguardos. Eso me resulta más curioso que los que suben contenidos felices y arreglan sus rostros y cuerpos adornando o mejorando su aspecto. El narcisismo de la época, necesita una plataforma y las redes sociales se prestan como nada para exacerbarlo,
_
Me cansé.
Gustavo
Cerati, Persiana Americana

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