Por
conversaciones con amigos y familias quedan muchas preguntas dando vueltas en donde
sea que quedan las preguntas sin respuestas, me acordé de la canción Y a
dónde van de Silvio Rodríguez, nada o todo que ver con tema, en cualquier
caso, es una buena canción.
Es
muy complejo ser padre o madre, no hay manuales y los modelos conceptuales acerca
de las formas más respetuosas y efectivas de crianzas, considerando por
supuesto el bienestar de los hijos, se van probando en generaciones y, que yo
sepa al menos, son tantas las variables en juego que es casi imposible
pretender controlarlas y aquí viene mi muletilla: ¡menos mal!
Me
acordé de un libro que en su último capítulo trae las recetas para asegurarse
el fracaso como psicoterapeuta[i], creo que en esa línea puedo
mencionar algunas recurrencias que he visto en mi práctica clínica respecto de prácticas
parentales. Dicho de otro modo, si usted quiere un/a hijo/a inseguro/a, incapaz
de crecer, dependiente de usted o de alguna eventual pareja puede hacer lo
siguiente si aún es tiempo (siempre lo es cuando sus hijos viven con usted).
1. Puede
probar a poner un sistema de normas o reglas familiares que nadie cumpla y no
pase nada, no importa lo que usted grite, insulte o amenace si en el fondo, solo
se trata de aguantar su ataque de histeria un rato y luego, arrepentida/o de
haber sido violenta/o con su retoño, de 2 o 34 años, le pide perdón y todo
sigue igual.
2. Haga
todo por él/ella, conviértalo en un inútil, las tareas, resolver sus conflictos
con amigos, parejas, problemas financieros, el orden de su dormitorio, su
estilo de alimentación etc. de manera que quede convencido/a de que es un/a
inútil y que no puede hacer nada sin ayuda. Luego agradezca si aparece un/a
pololo/a que lo/a reemplazará en su función de muleta. Solo así, podrá
aliviarse en parte de haberse echado otra vida más sobre sus hombros.
3. Invéntele
un mundo que no es, mejore la imagen de su padre o de su madre, no lo exponga a
casi ninguna frustración emocional para que crea que vive en un hogar felicísimo
en donde no hay nada de qué quejarse. Todo está bien. No hable de nada que
pueda interferir con el bienestar de su hogar y tendrá asegurado/a un/a hijo/a
con muy pocas herramientas para resolver conflictos emocionales. Tenga secretos
a voces, niegue lo evidente y su hijo/a pensará que él/ella es el/la raro/a y
que “tiene algo” por intuir que algo pasa. Dígale que debe ser agradecido de la
felicidad de que disfruta y muéstrele cómo los demás han fallado como familia.
No importa la magnitud de insatisfacción con su pareja, familia extensa o lo
que sea, recuerde, lo más importante es tener una atmósfera feliz en la casa.
4. Jamás
aliente sus logros, búrlese o humíllelo/a con humor sarcástico cuando haga
intentos y algo no le resulte bien. Así se obtienen hijos tímidos, sin
expresión emocional y que aprenden a actuar sobre seguro en casi toda ocasión.
5. Póngase
de ejemplo para todo “yo a tu edad era feliz con un volantín, tenía que trabajar,
me entretenía solo” en fin, usted tendrá público asegurado para sus necesidades
narcisistas y su hijo/a podrá aprovechar ese tiempo en pensar cualquier cosa
con tal de aguantarse y no responderle con una grosería.
6. Cuando
su hijo/a tenga miedo, fracase, se sienta triste, niegue sus emociones y dígale
que todo estará bien, que confíe en dios, el universo, que visualice un buen
resultado, lo decrete, luego lo invita a comer algo rico y ¡listo! Se acabó el
problema.
7. No
demuestre sus emociones, mienta, diga que siempre está bien, que usted no se
cansa, no se siente solo/a, que siempre estará dispuesto/a a ayudarle,
escucharle o a hacer lo que necesite, independiente del tamaño de problemas de
trabajo, emocionales, de salud o lo que sea con lo que esté lidiando. Su hijo/a no tendrá cómo desarrollar su empatía, aprender
a cuidar o a tener alguna sensibilidad con usted.
8. Exíjale
que sea bueno/a en todo, total es un privilegiado/a y la idea es el avance social
y económico de la familia “a mí nadie me ayudaba con las tareas y mírame lo
exitoso/a que soy”, su hijo/a tiene que ser mejor, tener más, ser más, un ser
de luz. Para eso usted se ha sacrificado ¿cierto?
9. Manipule
todo lo que pueda, llore, chantajee o lo que sea cuando él/ella, muestre conductas
de autonomía o se líe con alguien que no es de su agrado, así podrá probar el
elixir de veneno del control y se hará adicto/a: mi hijo/a hace todo lo que quiero
y no me va a dejar solo/a.
10. Concéntrese
solo en el/a hijo/a que tiene problemas, total el/la otro/a salió normal,
resuelve todo solo/a y tiene que entender que sus padres no pueden con tanto problema
junto. Al/la hijo/a que tiene buena voluntad, exíjale que haga lo que
el/la otra/o no quiere o no pueda, así se evita un montón de malos ratos.
11. Crea
que todo lo que usted hace está bien porque parte desde la buena intención, nadie
le enseña a una/o a ser padre o madre y qué tanto, usted también creció en circunstancias
adversas y sus padres tampoco eran perfectos y ahí está usted vivito, coleando,
con un buen trabajo, es feliz y si no les gusta ¡que se vayan los cabros de una
vez!
Podría
seguir en esa línea, pero creo que es suficiente. Por supuesto que una/o como
padre o madre vive, dice, decide y hace cosas pensando que está en lo correcto
o por último, admite que no se le ocurre qué otra cosa hacer.
Conversar,
reflexionar, compartir ideas puede ser una buena idea si se espera que algo pudiera
mejorar o cambiar. Quienes somos madres o padres, no se puede ser los dos por
si acaso, hacemos nuestro mejor intento, con todo lo que somos, nuestra
historia, nuestros mecanismos de defensa, nuestras miserias y talentos y de vez
en cuando no viene mal revisar de dónde surge nuestra forma de tratar a los
hijos más allá de la edad que tengan. Ojalá con la otra parte, el padre o la
madre, si existe o está disponible, si no es así, al menos con otros amigos/as
que nos pueden ayudar a calibrar nuestras prácticas.
Además, siempre está el azar, de padres desatrozos a veces salen hijos inmerecidamente maravillosos.
Silvio
Rodríguez, Y a dónde van
[i]
Estrategias Psicoterapéuticas Institucionales, la organización del cambio. Hugo
Hirsh, Hugo Rosarios, Nadir Ediciones.
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