Ir al contenido principal

En amores y amistad ¡Viva la reciprocidad!

 


Las relaciones afectivas como las amistades y más aún los amores, son el terreno donde parecen desplegarse con mayor intensidad nuestras capacidades, y la falta de ellas, para vincularnos, permanecer o salir de ahí cuando deja de ser una relación que nos hace bien y, por el contrario, comenzamos a sentir incomodidad o dolor.

La sola elección de amigos y amores es un tema muy complejo de analizar. El rango de variedad de personas por las que sentimos atracción, confianza, curiosidad, no es tan amplia como parece. Algunos prefieren pertenecer al grupo popular, otros a los más outsiders, tal vez a los mateos o a los divertidos. Las razones por las que algunos nos incitan a acercarnos y otros a huir, también pueden ser muy diversas, al parecer se relacionan con los roles con los que nos sentimos más cómodos de desempeñar. La satisfacción general es clave ¿Cómo se sabe si una/o está cómoda/o, satisfecho o feliz en una relación? Cada persona tiene claves internas diferentes dependiendo no solo de las expectativas sino también de su autoestima, seguridad y confianza en llegar a ser querida en la misma medida que ella quiere; sus experiencias, traumáticas y/o felices, y sus estadios intermedios. Infinitas variables en general.

Aceptamos el amor que creemos merecer, pocas frases resumen mejor los enredos mentales que nos armamos para aceptar y continuar en relaciones amorosas o amistosas en que, en lugar de llenarnos de energía, nos frustran, nos atrapan en una situación dolorosa y nos lanza a la cara nuestra dependencia y escaso  repertorio de conductas para mejorar la situación a veces incluso, disfrazando el malestar con una sensación de estabilidad y seguridad.

Se supone que el cariño, el amor, la confianza y la sensación de ser prioridad para alguien, hace las veces de un refugio, un lugar seguro desde donde es posible emprender desafíos, proyectos, en que más allá del resultado, el valor está en el intento, en el viaje, en el trayecto.

En nuestra cultura latinoamericana a las mujeres tradicionalmente se nos ha entrenado férreamente a postergar la satisfacción de las necesidades y motivaciones para cuidar a los demás, en especial a la familia: hijos, esposo, padres y de toda persona consanguínea o no que se encuentre en necesidad de alguien que los empuje, los oriente, resuelva sus problemas sin llevarse, claro está, los honores por tan loable labor. Los hombres, en ese encuadre, deben ser los inteligentes, seguros, preocupados de temas de mayor relevancia, su trabajo es más importante, difícil y requiere de la mayor atención de su parte, aunque comparta la misma ocupación que su cónyuge. Qué suerte que ese molde cultural ha ido está en franca decadencia porque perdemos las mujeres y también los hombres, sin embargo, chicas y chicos muy jóvenes aún reciben las influencias de ese marco conceptual sin palabras, sin discursos, pero enraizadas en el comportamiento de sus padres.

Cuando se pregunta a los padres, en su percepción de sí mismos como pareja, si esperan que sus hijos tengan una relación parecida a la de ellos, si ese es el modelo que esperan como referente para sus hijas e hijos, muchos experimentan recién la sensación de verse desde afuera, y comienzan a observar la distribución de la carga económica, de tareas a cargo, de los espacios de desarrollo personal, profesional o laboral; del patrón de conducta frente a otros, en fin.

Los vínculos amistosos y amorosos se conectan con nuestras emociones, desde las más primitivas hasta las más complejas, nos recuerdan nuestros primeros amores, nuestros padres o cuidadores, a veces de modo consciente y otras desde el inconsciente más profundo. No es fácil responder por qué tantas personas persisten en relaciones amistosas o amorosas en donde no se sienten en un vínculo recíproco, pudiendo experimentar desde un cariño/amor no correspondido, hasta sentirse utilizadas, como parte de una transacción comercial o un proyecto de inversión. No menciono aquí situaciones en que algún integrante de una pareja, por lo general la mujer, pero no siempre, se sienten menoscabada, violentada e incluso en riesgo vital. Estas dinámicas han sido estudiadas precisamente por lo extremas y por el riesgo involucrado para el sistema familiar completo.

Un vínculo importante, como una amistad profunda o un amor, involucra dependencia afectiva y por lo tanto el miedo al abandono y/o traición es la otra cara de la moneda, casi proporcional al bienestar, placer y felicidad que la relación con el otro prodiga. Qué heavy ¿cierto?

Dejo acá unos links que me parecen interesantes, están con subtítulos en español.

 

 

The Brain in Love, Helen Fischer

https://www.ted.com/talks/helen_fisher_the_brain_in_love

Why we love, why we cheat

https://www.ted.com/talks/helen_fisher_why_we_love_why_we_cheat

https://www.ted.com/talks/helen_fisher_technology_hasn_t_changed_love_here_s_why

De la película Las ventajas de ser invisible, del libro del mismo nombre de Stephen Chbosky

https://www.youtube.com/watch?v=_xuNJcxqK1g&ab_channel=ClaudiaL

The Beatles, The End

https://www.youtube.com/watch?v=12R4FzIhdoQ&ab_channel=TheBeatles-Topic

Comentarios

Entradas populares de este blog

Niños- padres

  Hay niños que hacen el papel de padres de sus hermanos o hasta de sus propios padres: niños parentalizados, sobre adaptados o dicho de modo coloquial: viejos chicos. Como es de suponer, no se trata de un rol buscado o designado intencionalmente por la familia. Se trata, por lo general de circunstancias desafortunadas: enfermedad física o mental de uno o ambos padres, orfandad, ausencia de los padres o adultos responsables por trabajo u otras circunstancias. No siempre es el/la hijo/a mayor quien asume ese rol, aunque sí lo más frecuente, porque se espera que quien nace primero sea más maduro para asumir roles de cuidado, pero no siempre es así. La parentalización de uno o más hijos es un proceso paulatino, a veces con un discurso asociado – tienes que cuidar a tus hermanos, a tu madre o a tu padre porque eres el mayor, el más inteligente, el más responsable o porque no hay nadie más que lo haga – y también se da sin narrativa, mediante encargos – dale los remedios a la mamá, co...

Lo que no hay que hacer con alguien que atraviesa una depresión

                                               Foto de  Misho Gugulashvili  pexels.com Hace poco el diario La Tercera [1] publicó un estudio en el que se informaba que más de la mitad de los chilenos no sabe apoyar a alguien cercano con depresión. En la web, y de seguro también en char GPT y otros dispensadores de inteligencia artificial, aparecen al instante las sugerencias para los cuidadores y/o acompañantes que han mostrado ser útiles para personas con depresión [2] [3] . Lo que haré aquí será escribir sobre lo que no hay que hacer si quiere ayudar. 1.      Asumir y decir que la depresión es de gente débil y quejumbrosa : hágase ver mejor. Usted podría estar cargadito/a la autocomplacencia y al egocentrismo de modo que sin querer tenga una visión tubular del entorno y muchos puntos ciegos en el desarrollo de la empatía y varias co...

Magia, poder, extrañamiento y la necesaria open mind

  No se me ocurrió otra forma de meterme en un tema que se relaciona con muchos otros. Temas contradictorios, no siempre polares ni complementarios. Tal vez tangentes en puntos que no alcanzo siquiera a sospechar. Qué bueno que Neils Bohr planteó el principio de la complementariedad. Ondas y partículas. Tal vez lo mismo se aplique a las ideas que, siendo discontinuas, pueden listarse como y esto y lo otro, en lugar de esto o aquello. O tal vez es un modo simplista de no ir más allá, de no pensar más o no encontrar el modo de resolver contradicciones. De lo que me ha tocado vivir, escuchar y leer hay experiencias que, no teniendo más explicaciones, se denominan paranormales. Si las agencias de inteligencia de países poderosos y con presupuesto para investigar tales fenómenos los han tomado en serio [1] , cómo no lo va a hacer una como simple y limitada mortal. He buscado información y parece que lo he hecho mal porque ninguna línea me convence mucho o en algún punto se trata de ...