Las
relaciones afectivas como las amistades y más aún los amores, son el terreno
donde parecen desplegarse con mayor intensidad nuestras capacidades, y la falta
de ellas, para vincularnos, permanecer o salir de ahí cuando deja de ser una
relación que nos hace bien y, por el contrario, comenzamos a sentir incomodidad
o dolor.
La
sola elección de amigos y amores es un tema muy complejo de analizar. El rango de variedad de personas por las que sentimos atracción, confianza, curiosidad, no es tan
amplia como parece. Algunos prefieren pertenecer al grupo popular, otros a los
más outsiders, tal vez a los mateos o a los divertidos. Las razones por
las que algunos nos incitan a acercarnos y otros a huir, también pueden ser muy
diversas, al parecer se relacionan con los roles con los que nos sentimos más
cómodos de desempeñar. La satisfacción general es clave ¿Cómo se sabe si una/o
está cómoda/o, satisfecho o feliz en una relación? Cada persona tiene claves
internas diferentes dependiendo no solo de las expectativas sino también de su
autoestima, seguridad y confianza en llegar a ser querida en la misma medida
que ella quiere; sus experiencias, traumáticas y/o felices, y sus estadios intermedios.
Infinitas variables en general.
Aceptamos
el amor que creemos merecer, pocas frases resumen mejor los
enredos mentales que nos armamos para aceptar y continuar en relaciones amorosas
o amistosas en que, en lugar de llenarnos de energía, nos frustran, nos atrapan en
una situación dolorosa y nos lanza a la cara nuestra dependencia y escaso repertorio de conductas para mejorar la situación a veces incluso, disfrazando el malestar con una sensación de estabilidad
y seguridad.
Se
supone que el cariño, el amor, la confianza y la sensación de ser prioridad
para alguien, hace las veces de un refugio, un lugar seguro desde donde es
posible emprender desafíos, proyectos, en que más allá del resultado, el valor
está en el intento, en el viaje, en el trayecto.
En
nuestra cultura latinoamericana a las mujeres tradicionalmente se nos ha
entrenado férreamente a postergar la satisfacción de las necesidades y motivaciones
para cuidar a los demás, en especial a la familia: hijos, esposo, padres y de
toda persona consanguínea o no que se encuentre en necesidad de alguien que los
empuje, los oriente, resuelva sus problemas sin llevarse, claro está, los
honores por tan loable labor. Los hombres, en ese encuadre, deben ser los inteligentes,
seguros, preocupados de temas de mayor relevancia, su trabajo es más
importante, difícil y requiere de la mayor atención de su parte, aunque comparta
la misma ocupación que su cónyuge. Qué suerte que ese molde cultural ha ido está
en franca decadencia porque perdemos las mujeres y también los hombres, sin
embargo, chicas y chicos muy jóvenes aún reciben las influencias de ese marco
conceptual sin palabras, sin discursos, pero enraizadas en el comportamiento de
sus padres.
Cuando
se pregunta a los padres, en su percepción de sí mismos como pareja, si esperan
que sus hijos tengan una relación parecida a la de ellos, si ese es el modelo
que esperan como referente para sus hijas e hijos, muchos experimentan recién
la sensación de verse desde afuera, y comienzan a observar la distribución de
la carga económica, de tareas a cargo, de los espacios de desarrollo personal, profesional
o laboral; del patrón de conducta frente a otros, en fin.
Los
vínculos amistosos y amorosos se conectan con nuestras emociones, desde las más
primitivas hasta las más complejas, nos recuerdan nuestros primeros amores,
nuestros padres o cuidadores, a veces de modo consciente y otras desde el inconsciente
más profundo. No es fácil responder por qué tantas personas persisten en relaciones
amistosas o amorosas en donde no se sienten en un vínculo recíproco, pudiendo experimentar
desde un cariño/amor no correspondido, hasta sentirse utilizadas, como parte de
una transacción comercial o un proyecto de inversión. No menciono aquí
situaciones en que algún integrante de una pareja, por lo general la mujer,
pero no siempre, se sienten menoscabada, violentada e incluso en riesgo
vital. Estas dinámicas han sido estudiadas precisamente por lo extremas y por
el riesgo involucrado para el sistema familiar completo.
Un
vínculo importante, como una amistad profunda o un amor, involucra dependencia
afectiva y por lo tanto el miedo al abandono y/o traición es la otra cara de la
moneda, casi proporcional al bienestar, placer y felicidad que la relación con
el otro prodiga. Qué heavy ¿cierto?
Dejo
acá unos links que me parecen interesantes, están con subtítulos en español.
The Brain in Love, Helen Fischer
https://www.ted.com/talks/helen_fisher_the_brain_in_love
Why we love, why we cheat
https://www.ted.com/talks/helen_fisher_why_we_love_why_we_cheat
https://www.ted.com/talks/helen_fisher_technology_hasn_t_changed_love_here_s_why
De
la película Las ventajas de ser invisible, del libro del mismo nombre de
Stephen Chbosky
https://www.youtube.com/watch?v=_xuNJcxqK1g&ab_channel=ClaudiaL
The
Beatles, The End
https://www.youtube.com/watch?v=12R4FzIhdoQ&ab_channel=TheBeatles-Topic
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