Por lo general el dinero es un tema del que no nos
gusta hablar. No es bien visto ser materialista, ostentar bienes y motivarse en
base a incentivos monetarios. Sin embargo, al mismo tiempo, es un símbolo de
éxito, status, poder, seguridad, protección, arma de seducción, acceso a
privilegios como cultura, bienes, viajes y mucho más. De eso saben mucho
quienes trabajan en marketing, ventas, publicidad y afines. Se nos olvida que,
además de todo lo anterior, es un invento útil para el intercambio de bienes y
servicios que permite la sobrevivencia si se posee en una cantidad que la
garantice.
Dada la contingencia política y económica nacional
e internacional, la mayor precisión del concepto de justicia social, los
derechos y deberes en la construcción de la estructura del estado y los
gobiernos, la discusión acerca del dinero se ha vuelto mucho más compleja aún
incluso en para las personas comunes y corrientes como usted y como yo. Es por
esto que me referiré aquí a la culpa y los afectos que pueden rodear al <vil
metal>.
No es tan raro encontrar, en especial en mujeres,
un tremendo enredo de emociones en su mente respecto al tema del dinero y su
significado en la vida personal, algunas señales de estas confusiones son:
·
Problemas para organizar ingresos y gastos.
·
Hacer
regalos e invitaciones muy caros, sin tener necesariamente los medios para
hacerlo.
·
Prestar
dinero y no atreverse a cobrarlo.
·
Problemas
para valorizar el propio trabajo.
Creo que queda claro que en este texto no me
referiré a la tacañería o la ambición que corresponden a otra familia de
afectos más ligados a la línea obsesiva y/o narcisistas vinculadas al manejo y
significado del dinero.
No es raro encontrar personas a las que les es muy
difícil llegar a acuerdos monetarios con su pareja, amigos, padres e hijos como
si fuera un tabú. Es ahí donde se hacen presentes las convenciones sociales
acerca del rol de cada uno, el género y por supuesto la historia familiar. Creo
que muchos hemos quedado sorprendidos por la paupérrima cifra de padres que
cumplen con el deber de pagar la pensión de alimentos para sus hijos, menos del
30% por si no se ha enterado en las noticias. Lo anterior se suma a la cifra de
mujeres que se reconocen jefas de hogar, 85% en familias monoparentales y 23%
en hogares biparentales, cifra que creo está subestimada por las que no se
reconocen como tales en tanto sienten culpa y vergüenza por aportar más dinero
que sus cónyuges o parejas al hogar.
Tampoco están incluidas aquellas que han salvado a
la familia de la ruina por las malas decisiones financieras de sus parejas y
han sido ellas las que han repactado deudas, organizado los gastos y pagos,
considerando que su aporte es mínimo porque ganan menos o porque no se supone
que sean ellas las que manejen los recursos familiares. Está claro, para mí al
menos y espero que para usted también que, si no reconocen ellas su rol, no es
posible esperar una valoración de su aporte de los demás integrantes de la
familia.
Ciertamente, la expectativa de que sea un hombre el
que sea el principal proveedor de un hogar, por una convención social ligada al
género, puede generar culpa en los que no logran ese objetivo y al mismo tiempo
en las mujeres que tratan de minimizar su aporte de diferentes modos: se callan
a la hora de incurrir en gastos que les parecen innecesarios, no preguntan
cuánto gana el marido o los hijos para que el aporte sea proporcional a los
ingresos, se endeudan para cumplir las expectativas de la familia sin pedir
ayuda, en fin, al parecer, con la finalidad de no afectar la auto confianza de
su pareja o ser buena con los hijos y, de paso, cumplir con el modelo aceptado
de organización familiar que han interiorizado como correcto.
Sí, aun en el 2021.
No es raro encontrar también, hombres y mujeres,
que creen que son respetados, queridos o soportados solo por el dinero que
aportan al grupo familiar, parece caricatura, así lo creía yo, pero eso existe.
Así de gravitante puede ser el dinero, su significado, peso en la construcción de
la identidad y función en el establecimiento de vínculos afectivos.
Me he encontrado también con personas, hombres y
mujeres, que han sido parentalizados, sobreadaptados o muy resilientes desde
muy niños que se sienten en la obligación de ser quienes deben estar dispuestos
a resolver los problemas de toda clase de su familia, los económicos también,
por lo que se auto perciben como un manantial sin fin de recursos de que benefician
a los demás, postergando sus propias necesidades o intereses.
Este tema podría ser infinito por todas las áreas
afectivas que toca, por lo pronto parece necesario poder hablar, a pesar de lo
difícil que es, con quienes nos rodean acerca de lo que nos pasa con el dinero,
su manejo, el sentido de justicia ligado a él y si estamos satisfechos con la
forma en como lo estamos manejando.
Simply red, Money is too tight to mention
https://www.youtube.com/watch?v=v46cRUSAT1M

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