Donde
hay humanos hay emociones, sentimientos y relaciones afectivas. Lo que tratamos
en el trabajo es evitar enredarnos en esos vínculos y decimos, bien sueltos de
cuerpo:
- Aquí
se viene a trabajar no a hacer amigos.
- La
jefatura es sinónimo de soledad.
- El
reglamento interno dice claramente que están prohibidas las relaciones
sentimentales entre miembros del equipo de trabajo.
Ninguna
de las frases anteriores ha inhibido que la gente se haga amigos en el trabajo,
se enamore o, siendo jefe, se sienta más cercano/a a unos que a otros porque un/a
jefe/a solitario/a no logra conectar con un equipo y menos fortalecer la
necesaria sinergia que se requiere para funcionar como tal y quererse en
el desempeño del trabajo. No me equivoqué, dije quererse.
Si
validamos a quienes trabajan con nosotros, reconocemos sus talentos y los
dejamos expresarse, la simpatía y cariño mutuo no tardarán en aparecer.
Ciertamente, se requiere sistemas justos de incentivos, posibilidades de crecimiento
profesional y un listado enorme de variables a considerar que usted habrá
escuchado en cada período de evaluación de desempeño y de planificación a corto
y mediano plazo.
En
el trabajo reeditamos la relación con la autoridad que experimentamos cuando
niños, ojalá más elaborada y con la libertad que da la adultez y la confianza
en las propias capacidades para plantear ideas y proyectos. La mente libre de
conflictos, o mejor elaborados, es con mayor probabilidad, aunque no exclusivamente,
la más creativa, propositiva y motivadora al ser parte de un equipo. Lástima
que no sean muchos los que pueden decir que tienen resueltos sus temas con la
autoridad y ni hablar de la auto confianza; la gran mayoría de las personas ven
en su jefe la versión 2.0 de un padre y como corolario de lo anterior, al ser
exigidos y evaluados se sentirán ansiosos y, más de una vez, se sentirán
víctima de una o varias injusticias, instalándose así una relación vertical con
su jefatura.
Me
atrevo a afirmar que casi todos hemos conocido también a esos jefes que son autoritarios
con el equipo por el que responde y muy sumisos ante su propia jefatura directa,
esta actitud es muy frecuente en tanto las personas al ser promovidas, no
siempre cuentan con la preparación necesaria para llevar a buen puerto las
tareas a cargo porque el dominio técnico de un área no faculta por sí solo para
la labor de dirigir, coordinar y/o liderar un equipo. Tampoco sirven para todos
los cursos de liderazgo sin aplicación a la labor directa a realizar o conocer
el tipo de personas con las que va a trabajar.
Pucha
que somos complicados los humanos.
La
amistad es uno de los vínculos más complejos de manejar en el trabajo, en
especial si una de las personas es promovida y la otra no, pasando así de una
relación entre pares a otra con una jerarquía formal. Manejar la información,
el respeto de las normas y estilo de trabajo de la institución y conservar la
complicidad e intimidad no es nada de fácil y no son muchos los que logran
hacer perdurar un vínculo amistoso profundo.
No
ayuda esa habitual forma de manejarse en el trabajo en términos de las comunicaciones:
preferimos evitar los conflictos, callarnos en las instancias formales y amplificar
las diferencias en espacios de cercanía informales: pasillo, cafés y cualquier otro
lugar que se preste para el rumor y el pelambre sin atrevernos a explicitar el
problema y buscar en conjunto las soluciones posibles; el prejuicio, las
suposiciones y rumores infundados están más a la mano que la asertividad.
El
trabajo es parte importante de la identidad personal, está asociado a numerosos
factores de sensación de logro o fracaso, subjetivos por supuesto, ser
promovido/a, despedido/a o trasladado/a no está exento de conflictos internos y
de movimientos en las definiciones de las relaciones afectivas construidas en
cada posición y equipo al que se ha pertenecido. El status social,
familiar y la autoimagen dependen, para muchos, del tipo de trabajo que tienen
y su posición relativa en la jerarquía en la organización. Esto va cambiando
durante el ciclo vital, sin embargo, no deja de ser un aspecto fundamental en
el desarrollo personal durante la vida laboral activa.
Me
parece que abordar las relaciones interpersonales en el trabajo sin considerar el
componente emocional, centrar el discurso en la productividad, basar los
incentivos, reconocimientos y rituales solo en aspectos monetarios o de estatus
no logran dar con el significado del trabajo para cada persona. En mi opinión, la
innovación es fruto de la creatividad y esta requiere de la magia de las
emociones, de las conciencias coordinadas, de la cuasi hipnosis que se produce
entre personas que se quieren, se respetan y validan mutuamente para lograr un
objetivo común. Lo pasan bien, se divierten trabajando y confían unos y otros.
En ese contexto a los utilitarios, a los centrados solo en su propia promoción y
bienestar, no les resulta grata esa experiencia porque no logran comprenderla.
La
confianza es una de las emociones básicas de la convivencia humana y Chile es
uno de los países en que menos confiamos los unos en los otros. Con la expectativa
de que el otro se va a aprovechar de nosotros, de nuestro tiempo, conocimiento,
capacidades; en lugar de desplegarnos y florecer, nos quedamos cual ciudadano
gris, haciendo lo mismo de siempre. Cuánta falta nos hace trabajar en conjunto,
sobre la base de la buena fe, del cumplimiento de la palabra empeñada, del
beneficio mutuo, del respeto por la contribución de cada uno, incluida la comunidad,
en proyectos que en la actualidad son de supervivencia.
Como
ya estoy empezando a pontificar, mejor me despido por hoy, es tarde.
Completamente de acuerdo y un aporte para los que dicen o pretenden trabajar en equipo
ResponderEliminargracias por tu comentario Patty!
EliminarMuy de acuerdo Ximena con lo que planteas...y en mi caso, un texto muy motivante previo a volver al trabajo luego de unas mini vacaciones!!
ResponderEliminaránimooo! y gracias por tu comentario.
ResponderEliminarSiempre tan certera y perceptiva.
ResponderEliminar¡Gracias tocaya!
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